sábado, 29 de abril de 2006

¿Por qué y para qué sufrir?...


El sufrimiento humano es un misterio, un misterio que se enmarca dentro del misterio de la Redención de Cristo, un misterio para el cual no hay una respuesta como la que esperamos, un misterio al cual Cristo no responde sino que llama para que le sigamos en su sufrimiento y colaboremos con El en la salvación del mundo y el triunfo final de las fuerzas del Bien.
Dicho esto, veamos cuáles son las actitudes que tenemos ante una situación de sufrimiento.
En cuanto aparecen los primeros síntomas de sufrimiento, la tendencia inicial es de oposición y viene entonces una pregunta que nunca falta: ¿Por qué? ¿Por qué a mí?
Y esta pregunta no tiene respuesta al menos en un primer momento cuando miramos el sufrimiento desde el ángulo meramente humano.
El misterio del sufrimiento es un proceso. Luego de esa oposición y cuestionamientos iniciales viene un momento de impotencia en que algunos recurren a Dios, también preguntándole por qué. Y Dios tampoco responde. La respuesta divina es más bien una invitación, una llamada de Cristo a seguirlo en su sufrimiento ... un misterio.
Cristo nos responde desde la Cruz y nos invita a tomar la cruz del sufrimiento. Y ante esta invitación, podemos seguir oponiéndonos, actitud que no ayuda, pues la cruz se hace más pesada. O podemos tomar la cruz, imitando a Cristo en su sufrimiento, respondiendo a su llamado "toma tu cruz y sígueme" (Lc. 9, 23). Al principio podemos tomarla con temor, con miedo al sufrimiento, creyendo que la aceptación lleva al agravamiento.
Pero los que han sufrido y han entregado su sufrimiento a Cristo saben por experiencia que, al unir su sufrimiento al de Cristo, enseguida la cruz del sufrimiento se aliviana.
¿Por qué se aliviana? Porque Cristo mismo nos ayuda a llevarla. Cristo nos invita a compartir su sufrimiento y al compartir los nuestros con los de Cristo, al unir nuestro sufrimiento al de Cristo, no es que desaparece la causa del sufrimiento, pero nuestro sufrimiento parece diluirse en los sufrimientos de Cristo. También ... un misterio. Pero prueba, prueba si estás sufriendo, trata de entregar y de ofrecer tus sufrimientos a Cristo ... y verás.
Entonces podemos comenzar a entender para qué es el sufrimiento: para colaborar con Cristo en la salvación del mundo y en nuestra propia salvación.
Por eso se oye hablar de ofrecer el sufrimiento por alguien, por la conversión de las almas, por la propia conversión.
Así lo hicieron muchos santos, algunos de los cuales al principio también pudieron haberse rebelado. Sabemos que muchos, de hecho, se convirtieron y comenzaron su camino de santidad por una situación de sufrimiento. Así son los caminos y las maneras de Dios: incomprensibles si los miramos con nuestra miopía humana, racionalista, mundana.
El Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica "Salvici Doloris", en la que explica el misterio del sufrimiento humano, va aún más lejos y nos dice que el sufrimiento se enmarca, además, dentro de la lucha entre las fuerzas del Bien y las del mal, y que nuestros sufrimientos, unidos a los de Cristo colaboran en el triunfo final de las fuerzas del Bien (cfr. SD, 26).
El sufrimiento, entonces, es un misterio, un misterio que se convierte en una invitación de Cristo a seguirle y a colaborar con El en la salvación del mundo y en el triunfo final de las fuerzas del Bien.
http://www.homilia.org/

jueves, 27 de abril de 2006

El Papa te habla...

" La Iglesia de hoy debe reavivar en sí misma la conciencia de la tarea de volver a proponer al mundo la voz de Aquel que ha dicho: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".
Al emprender su ministerio, el nuevo Papa sabe que su deber es hacer que resplandezca ante los hombres y mujeres de hoy la luz de Cristo: no la propia luz, sino la de Cristo.
Con esta conciencia me dirijo a todos, también a aquellos que siguen otras religiones o que simplemente buscan una respuesta a las preguntas fundamentales de la existencia y todavía no la han encontrado.
Me dirijo a todos con sencillez y afecto, para asegurar que la Iglesia quiere seguir manteniendo con ellos un diálogo abierto y sincero, la búsqueda del verdadero bien del ser humano y de la sociedad.
Invoco de Dios la unidad y la paz para la familia humana y declaro la disponibilidad de todos los católicos a cooperar en un auténtico desarrollo social, respetuoso de la dignidad de todos los seres humanos. No ahorraré esfuerzos y sacrificio para proseguir el prometedor diálogo iniciado por mis venerados predecesores, con las diversas civilizaciones, para que de la comprensión recíproca nazcan las condiciones para un futuro mejor para todos."

" En este momento mi recuerdo vuelve al 22 de octubre de 1978, cuando el Papa Juan Pablo II inició su ministerio aquí en la Plaza de San Pedro.
Todavía, y continuamente, resuenan en mis oídos sus palabras de entonces: ¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!
El Papa hablaba a los fuertes, a los poderosos del mundo, los cuales tenían miedo de que Cristo pudiera quitarles algo de su poder, si lo hubieran dejado entrar y hubieran concedido la libertad a la fe.
Sí, él ciertamente les habría quitado algo: el dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad. Pero no les habría quitado nada de lo que pertenece a la libertad del hombre, a su dignidad, a la edificación de una sociedad justa.
Además, el Papa hablaba a todos los hombres, sobre todo a los jóvenes.
¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a él , miedo de que él pueda quitarnos algo de nuestra vida?
¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella?
¿No corremos el riesgo de encontrarnos luego en la angustia y vernos privados de la libertad?
Y todavía el Papa quería decir: ¡no! quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida.
Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana.
Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera.
Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes:
¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo.
Quien se da a él, recibe el ciento por uno.
Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida. Amén."
(Benedicto XVI)

lunes, 24 de abril de 2006

Apuntes sobre la Paz...


"No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien"
(Rom 12, 21).
"La paz es el resultado de una dura batalla, que se gana cuando el bien derrota al mal.
La paz es un bien que se promueve con el bien: es un bien para las personas, las familias, las naciones de la tierra y para toda la humanidad; pero es un bien que se ha de custodiar y fomentar mediante iniciativas y obras buenas."
"El mal no es una fuerza anónima que actúa en el mundo por mecanismos deterministas e impersonales. El mal pasa por la libertad humana. El mal tiene siempre un rostro y un nombre: el rostro y el nombre de los hombres y mujeres que libremente lo eligen" (ibid., 2).
"Al contemplar la situación actual del mundo no se puede ignorar la impresionante proliferación de múltiples manifestaciones sociales y políticas del mal: desde el desorden social a la anarquía,desde la injusticia a la violencia y a la supresión del otro" (ibid., 3).
"Para conseguir la paz es preciso afirmar con lúcida convicción que la violencia es un mal inaceptable y que nunca soluciona los problemas. La violencia es una mentira, porque va contra la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad" (ibid., 4).
"Por tanto, es importante promover una gran obra educativa de las conciencias, que forme a todos en el bien, especialmente a las nuevas generaciones, abriéndoles al horizonte del humanismo integral y solidario que la Iglesia indica y desea"(ibid.).
"Para promover la paz, venciendo el mal con el bien, hay que tener muy en cuenta el bien común y sus consecuencias sociales y políticas. En efecto, cuando se promueve el bien común en todas sus dimensiones, se promueve la paz. En cierta manera, todos están implicados en el trabajo por el bien común, en la búsqueda constante del bien ajeno como si fuere el propio" (ibid., 5).
"Dicha responsabilidad compete particularmente a la autoridad política, a cada una en su nivel, porque está llamada a crear el conjunto de condiciones sociales que consientan y favorezcan en los hombres y mujeres el desarrollo integral de sus personas.El bien común exige, por tanto, respeto y promoción de la persona y de sus derechos fundamentales" (ibid.).
(Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2005)
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"En el corazón de Cristo encuentra paz quien está angustiado por las penas de la existencia; encuentra alivio quien se ve afligido por el sufrimiento y la enfermedad; siente alegría quien se ve oprimido por la incertidumbre y la angustia, porque el corazón de Cristo es abismo de consuelo y de amor para quien recurre a El con confianza".
"Pido para vosotros la gracia de la luz y de la fuerza Espiritual en el sufrimiento, para que no perdáis el valor, sino que descubráis individualmente el sentido del sufrimiento y podáis, con la oración y el sacrificio, aliviar a los demás".
"No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón"
(Jornada Mundial por la Paz, 1 de enero de 2002)
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"Entregándose a sí mismo, Cristo nos dio su paz.
Su paz no es como la del mundo, hecha a menudo de astucias y componendas, cuando no también de atropellos y violencias. La paz de Cristo es fruto de su Pascua: es decir, es fruto de su sacrificio, que arranca la raíz del odio y de la violencia y reconcilia a los hombres con Dios y entre sí; es el trofeo de su victoria sobre el pecado y sobre la muerte, de su pacífica guerra contra el mal del mundo, librada y vencida con las armas de la verdad y el amor."
"No por casualidad es precisamente ése el saludo que dirige Cristo resucitado.
Al aparecerse a los Apóstoles, primero les muestra en las manos y en el costado las huellas de la dura lucha librada y luego les desea: «¡La paz esté con vosotros!» (Jn 20, 19. 21. 26). Esta paz la da a sus discípulos como regalo preciosísimo, no para que lo tengan celosamente escondido, sino para que lo difundan mediante el testimonio."
(Corpus Christi,6 de junio de 1999)
(Juan Pablo II)

jueves, 20 de abril de 2006

Palabras de S.S. el Papa Juan Pablo II el Grande

Discurso que dirigió Juan Pablo II a los jóvenes en la vigilia que presidió en la tarde del sábado en la base aeronaval de Cuatro Vientos.

Madrid, 3 de Mayo 2003

- 1. Conducidos de la mano de la Virgen María y acompañados por el ejemplo y la intercesión de los nuevos Santos, hemos recorrido en la oración diversos momentos de la vida de Jesús.
El Rosario, en efecto, en su sencillez y profundidad, es un verdadero compendio del Evangelio y conduce al corazón mismo del mensaje cristiano: «Tanto amó Dios al mundo que dió a su Hijo único, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16).
María, además de ser la Madre cercana, discreta y comprensiva, es la mejor Maestra para llegar al conocimiento de la verdad a través de la contemplación. El drama de la cultura actual es la falta de interioridad, la ausencia de contemplación. Sin interioridad la cultura carece de entrañas, es como un cuerpo que no ha encontrado todavía su alma. ¿De qué es capaz la humanidad sin interioridad?
Lamentablemente, conocemos muy bien la respuesta. Cuando falta el espíritu contemplativo no se defiende la vida y se degenera todo lo humano. Sin interioridad el hombre moderno pone en peligro su misma integridad.
- 2. Queridos jóvenes, os invito a formar parte de la «Escuela de la Virgen María». Ella es modelo insuperable de contemplación y ejemplo admirable de interioridad fecunda, gozosa y enriquecedora. Ella os enseñará a no separar nunca la acción de la contemplación, así contribuiréis mejor a hacer realidad un gran sueño: el nacimiento de la nueva Europa del espíritu. Una Europa fiel a sus raíces cristianas, no encerrada en sí misma sino abierta al diálogo y a la colaboración con los demás pueblos de la tierra; una Europa consciente de estar llamada a ser faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo, decidida a aunar sus esfuerzos y su creatividad al servicio de la paz y de la solidaridad entre los pueblos.
- 3. Amados jóvenes, sabéis bien cuánto me preocupa la paz en el mundo. La espiral de la violencia, el terrorismo y la guerra provoca, todavía en nuestros días, odio y muerte. La paz –lo sabemos– es ante todo un don de lo Alto que debemos pedir con insistencia y que, además, debemos construir entre todos mediante una profunda conversión interior. Por eso, hoy quiero comprometeros a ser operadores y artífices de paz. Responded a la violencia ciega y al odio inhumano con el poder fascinante del amor. Venced la enemistad con la fuerza del perdón. Manteneos lejos de toda forma de nacionalismo exasperado, de racismo y de intolerancia. Testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen, sino que se proponen. ¡Nunca os dejéis desalentar por el mal! Para ello necesitáis la ayuda de la oración y el consuelo que brota de una amistad íntima con Cristo. Sólo así, viviendo la experiencia del amor de Dios e irradiando la fraternidad evangélica, podréis ser los constructores de un mundo mejor, auténticos hombres y mujeres pacíficos y pacificadores.
- 4. Mañana tendré la dicha de proclamar cinco nuevos santos, hijos e hijas de esta noble Nación y de esta Iglesia. Ellos «fueron jóvenes como vosotros, llenos de energía, ilusión y ganas de vivir. El encuentro con Cristo transformó sus vidas (...) Por eso, fueron capaces de arrastrar a otros jóvenes, amigos suyos, y de crear obras de oración, evangelización y caridad que aún perduran»
Queridos jóvenes, ¡id con confianza al encuentro de Jesús! y, como los nuevos santos,
¡no tengáis miedo de hablar de Él! pues Cristo es la respuesta verdadera a todas las preguntas sobre el hombre y su destino.
Es preciso que vosotros jóvenes os convirtáis en apóstoles de vuestros coetáneos. Sé muy bien que esto no es fácil. Muchas veces tendréis la tentación de decir como el profeta Jeremías: «¡Ah, Señor! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho» (Jr 1,6).
No os desaniméis, porque no estáis solos: el Señor nunca dejará de acompañaros, con su gracia y el don de su Espíritu.
- 5. Esta presencia fiel del Señor os hace capaces de asumir el compromiso de la nueva evangelización, a la que todos los hijos de la Iglesia están llamados. Es una tarea de todos. En ella los laicos tienen un papel protagonista, especialmente los matrimonios y las familias cristianas; sin embargo, la evangelización requiere hoy con urgencia sacerdotes y personas consagradas.
Ésta es la razón por la que deseo decir a cada uno de vosotros, jóvenes: si sientes la llamada de Dios que te dice: «¡Sígueme!» (Mc 2, 14; Lc 5, 27), no la acalles.
Sé generoso, responde como María ofreciendo a Dios el sí gozoso de tu persona y de tu vida.
Os doy mi testimonio:
yo fui ordenado sacerdote cuando tenía 26 años. Desde entonces han pasado 56.
Al volver la mirada atrás y recordar estos años de mi vida, os puedo asegurar que vale la pena dedicarse a la causa de Cristo y, por amor a Él, consagrarse al servicio del hombre. ¡Merece la pena dar la vida por el Evangelio y por los hermanos!

- 6. Al concluir mis palabras quiero invocar a María, la estrella luminosa que anuncia el despuntar del Sol que nace de lo Alto, Jesucristo:
¡Dios te salve, María, llena de gracia!
Esta noche te pido por los jóvenes de España,
jóvenes llenos de sueños y esperanzas.
Ellos son los centinelas del mañana,
el pueblo de las bienaventuranzas;
son la esperanza viva de la Iglesia y del Papa.
Santa María, Madre de los jóvenes,
intercede para que sean testigos de Cristo Resucitado,
apóstoles humildes y valientes del tercer milenio,
heraldos generosos del Evangelio.
Santa María, Virgen Inmaculada,
reza con nosotros,
reza por nosotros.
Amén.

miércoles, 19 de abril de 2006

Día de la Divina Misericordia

El próximo 23 de Abril es el 2º Domingo de Pascua de la Divina Misericordia.
Una devoción especial se comenzó a esparcir por el mundo entero a partir del diario de una joven monja polaca en 1930.
El mensaje no es nada nuevo, pero nos recuerda lo que la Iglesia siempre ha enseñado por medio de las Sagradas Escrituras y la tradición: que Dios es misericordioso y que perdona y que nosotros también debemos ser misericordiosos y debemos perdonar.
Pero en la devoción a la Divina Misericordia este mensaje toma un enfoque poderoso que llama a las personas a un entendimiento más profundo sobre el Amor ilimitado de Dios y la disponibilidad de este Amor a todos – especialmente a los más pecadores.
El mensaje y la devoción a Jesús como la Divina Misericordia esta basada en los escritos de la Santa María Faustina Kowalska, una monja polaca sin educación básica que, en obediencia a su director espiritual, escribió un diario de alrededor de 600 páginas que relatan las revelaciones que ella recibió sobre la Misericordia de Dios.
Aún antes de su muerte en 1938 se comenzó a esparcir la devoción a la Divina Misericordia.
El mensaje de Misericordia es que Dios nos Ama – a todos- no importa cuan grande sean nuestras faltas.
Él quiere que reconozcamos que Su Misericordia es más grande que nuestros pecados, para que nos acerquemos a Él con confianza, para que recibamos su Misericordia y la dejemos derramar sobre otros. De tal manera de que todos participemos de Su Gozo. Es un mensaje que podemos recordar tan fácilmente como un ABC.
A — Pide su Misericordia. Dios quiere que nos acerquemos a Él por medio de la oración constante, arrepentidos de nuestros pecados y pidiéndole que derrame Su Misericordia sobre nosotros y sobre el mundo entero.
B — Sé misericordioso – Dios quiere que recibamos Su Misericordia y que por medio de nosotros se derrame sobre los demás.
C — Confía completamente en Jesús – Dios nos deja saber que las gracias de su Misericordia dependen de nuestra confianza. Mientras más confiemos en Jesús, más recibiremos.
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- "Escribe: Soy Santo, tres veces Santo, y siento aversión por el menor pecado.
No puedo amar al alma manchada por un pecado, pero cuando se arrepiente, entonces Mi generosidad para ella no conoce límites.
Mi misericordia la abraza y justifica.
Persigo a los pecadores con Mi misericordia en todos sus caminos y Mi Corazón se alegra cuando ellos vuelven a Mí.
Olvido las amarguras que dieron a beber a Mi Corazón y Me alegro de su retorno.
Dí a los pecadores que ninguno escapará de Mis manos.
Si huyen de Mi Corazón misericordioso, caerán en Mis manos justas.
Dí a los pecadores que siempre los espero, escucho atentamente el latir de sus corazones (para saber) cuándo latirán para Mí.
Escribe que les hablo a través de los remordimientos de conciencia, a través de los fracasos y los sufrimientos, a través de las tormentas y los rayos, hablo con la voz de la Iglesia y si frustran todas Mis gracias, Me molesto con ellos dejándoles a sí mismos y les doy lo que desean"
(Diario, 1728).

http://www.ewtn.com/spanish/prayers/Misericordia/Antecedentes.htm

martes, 18 de abril de 2006

Te escribe Jesús...

Querido(a):
No, no te asustes por que te escriba esta carta. No me tengas miedo. No ha llegado tu hora.

Pero me preocupa que pasa tu vida y aún no me conoces.
Quiero que entres en mi amor antes de que sea ya tarde. ¿Por que no me dejas llegar a tu corazón?
Cuando te levantabas esta mañana, te miraba con ternura y esperaba que me hablaras aunque fuera unas palabras, pero estabas muy ocupado arreglándote para el trabajo y pensando en tus asuntos.

Seguí esperando mientras corrías camino al trabajo.
¿No te fijaste qué esplendoroso fue el amanecer que hice para ti? ¿Es que andabas mal humorado por las demoras del tráfico?.

Por eso quise alegrarte con el trinar de miles de pájaros, esperando que así vieras más allá, la grandeza de mi amor. Pero era inútil. Estabas absorto en las noticias de la radio.
No te diste cuenta de nada.
Esperé pacientemente todo el día. Cuantos momentos quise tocar tu corazón. Te envié personas con sonrisas en sus labios. ¿Recuerdas aquel niño tan simpático y travieso que tropezó contigo en la calle?. Lo puse en tu camino para hacerte pensar que eres tu también un niño en manos de tu Padre Celestial. Pero, con todos tus planes y preocupaciones, aquello te pareció una molestia.
De regreso a casa vi tu cansancio y quise refrescarte un poco con una suave brisa. Mas tarde apagué el resplandor del cielo creando un maravilloso espectáculo de colores celestes. Aquella puesta de sol era para ti. Pensé que te recordaría cuanto te quiero...
Deseaba tanto que me hablaras... aún quedaba tiempo. Pero encendiste el televisor... así que espere pacientemente mientras pasabas de programa en programa tratando de relajarte y pasar el tiempo.
Al cenar pensé que recordarías que todo procede de mi amor por ti, pero nuevamente te olvidaste de hablar conmigo.
En la noche no te dejé a oscuras, sino que hice salir una hermosa luna y millares de estrellas, pero no levantaste la cabeza.
A la hora de dormir acompañé tu sueño con las suaves melodías de mis animales nocturnos, pero no te diste cuenta de que siempre estoy a tu lado.
TE AMO tanto que espero todos los días por una oración tuya. ¿Cuándo será que te des cuenta? Será algún paisaje hermoso, una mano amiga, o quizás una enfermedad o alguna desgracia que te haga pensar en mi amor que nunca falla...
Bueno, te estas levantando de nuevo, y otra vez esperaré a que me dediques un poco de tiempo para que conozcas mi corazón lleno de amor por ti.

Si supieras cuánto te amo y cuánto deseo tu amor....
Tu amigo, Jesús.

http://www.devocionario.com/textos/c_escribe.html




lunes, 17 de abril de 2006

María

María, Madre del Señor y Madre Nuestra:
Hoy me dirijo a ti para presentarte una petición algo extraña y tal vez incongruente, cosa harto normal entre las características que acompañan a mis habituales súplicas.
Como no eres ajena a mi torpe entendimiento, excusarás mi expresión oscura y la lentitud de mi sesera a la hora de expresarte tales sentimientos.
Tú que tan bien me conoces sabes que nada hago a derechas sin tu ayuda y consejo.
¿Quien mejor que una Madre perdidamente enamorada de sus criaturas para ofrecerme la mejor opción?
Debo admitir con tristeza que te conozco desde hace poco tiempo. Pero bueno, mejor tarde que nunca, Madre… Lo importante es que hoy por fin sé lo mucho y bien que conoces a tus hijos, y lo extraordinariamente eficaz que eres para demostrarles tu amor maternal.
De esta gran ventaja no gozaba en el pasado, pues dado mi atroz agnosticismo, toda Tú eras una distante incógnita en mi vida. Y por ello viví con tropiezos y las heridas tardaban años en cicatrizar.

Vaya idiotez y cuanto tiempo perdido… ¡La cantidad de lágrimas que me hubiera ahorrado si hubiera sabido que existías!

Mira…, me viene ahora a la cabeza aquella trifulca que tuve a causa de mi primer amor de adolescencia. ¿Te acuerdas de cuando me dijo aquel muchacho que no me quería? ¡Vaya la que armé! Lloré, le insulté, pegué un portazo en la puerta de mi dormitorio y maldije el día que aquel pobre chico se había cruzado en mi camino. Y como consecuencia de mi rabieta y malos modales, encima mis padres me castigaron sin salir un par de fin de semanas.
Pero, claro, es que entonces yo no te conocía, Madre. Con esos dieciséis años llenos de pájaros en la cabeza y tantas bobadas rondándome el corazón, no me había planteado que el amor que perdía lo podía recuperar con tu consuelo de Madre, en tu sonrisa o con tu compañía. Porque yo no te prestaba atención.
Así son muchos jóvenes y así era yo. Ciega, atolondrada y necia.
Luego llegaron tiempos difíciles: universidad, interminables exámenes, pruebas intelectualmente complicadas, otros novios y muchas salidas. Y también penas. De esas muchas…

Pero, ¡ay!, triste ceguera la mía. Tampoco durante esos años tuve la bendición de descubrirte.

La vida siguió andando hacia delante y los malos momentos se transformaron en peores.
Y así llegó uno de los sucesos que más han marcado mi corazón y que tantas lágrimas me ha hecho derramar.
Mi querido y admirado padre fue engullido por una terrible enfermedad que lo llevó al cielo en seis meses.
Seis meses… Sólo seis pude disfrutar de él desde que le diagnosticaron su triste padecimiento. ¿Y para qué los utilicé? Pues para enrabiarme contra el mundo, dejarme invadir por la ira y desembuchar miles de obscenidades contra la vida misma.
Creo que fue entonces cuando miles de preguntas me comenzaron a enturbiar el alma. ¿Era acaso posible que un Padre Eterno fuera capaz de robarme al ser que más amaba en el mundo? Si tanto sufríamos y tan injusta era la llegada a nuestras vidas de tal infortunio, seguro que entonces no podía haber un Dios…
¡Pero cuan equivocada estaba, Madre!
Mi padre tan amado subió al cielo, pasaron los meses y un buen día me di cuenta de que tampoco la vida trataba bien a mi madre. Al fin la enfermedad la había visitado también. Claro que hoy aún, después de 24 largos años, sigue visitándola.

Su enfermedad de llama “Alzheimer”, y tiene los dientes bien hincados desde esa eternidad en su cabeza, cuerpo y corazón.

Mi relación con Dios Padre y contigo, se volvió a consecuencia de tanta desgracia en algo casi inexistente…
No podía entender y no sabía explicar tanto dolor. Si Dios existía, ¿porqué trataba con tanta indiferencia a sus criaturas? ¡Ah! No había cabida en mi entendimiento humano tanto desprecio por parte de un Padre del que me decían que me amaba con locura…

¡Qué buena eres Madre! Y es que a pesar de mis rechazos y negro corazón, Tú rondabas ya mi vida. ¡Y cómo! Yo diría que con extraordinaria fuerza y cabezonería por tu parte. ¡Menuda eres Tú para dejar que tus bebés caigan en la desesperanza o en los peligros!
Paciente, tierna y tenaz, habías observado a tu niña desde siempre. Y habías hecho algo mucho más difícil: me habías adoptado como hija muy amada, respetada y cuidada, aunque me hubiera empeñado en expulsarte de mi corazón herido. ¿Y qué madre es capaz de recuperar a una hija cuando a esta no se le antoja reconciliarse? Sólo tú Madre, eres capaz de algo así.
Aún hoy no entiendo qué es lo que me pasó.

Después de pensarlo mucho he concluido que alguien desde el cielo debió de orar por mi. ¿Fue quizá mi querido padre humano? Sí, debió ser él, porque amándome como lo hacía y viviendo ya en el cielo, para él no fue difícil darse cuenta del gélido estado con el que trataba al que debe ser Amado entre los Amados; a ese Jesucristo a quien un día asesiné junto a toda la humanidad y que no debe ser más que el centro de todo y de todos. Pobre papá… Se le debieron poner los pelos de punta…
“¡Haz algo con esta hija mía!”, debió gritarte. Y como en el cielo todos estáis muy juntitos, le debiste oír con claridad. Así que respondiste, como haces siempre…
Madre: aún no sé lo que me hiciste. Sólo que un buen día decidiste, por fin, dejarme sentir la llama de tu amor dentro de mi corazón. Fue sólo un segundo, ¡pero vaya segundo, Mamá!

Andando en plena calle y bajo el sol y la suave brisa de un mayo cualquiera, noté que se me posaba esa pequeña llama de Amor infinito sobre mi alma, así suavecito, como se besa a un recién nacido en la frente. Tan chiquita era que hasta te lo agradezco, ya que dada su consecuencia en mi vida, de haber sido más grande me hubiera matado de alegría.
Y entonces, este torpe intelecto del que te hablaba, empezó a echar alguna que otra lucecilla sobre la realidad de tu Omnipotente Existencia como Madre de todos los hombres, y eso me incluía a mí a pesar de ser la más torpe, ciega y necia entre tus criaturas.
Y así entendí que esa Existencia era algo vivo, latente y perfecto.
¡Qué vergonzoso descubrimiento saber por fin que nunca me habías abandonado! ¿Cómo había podido estar tan alejada de tu realidad de Madre? ¡Cuánto amor sintió entonces mi alma al ser bendecida con tales inexplicables entendimientos!

El gozo era tan infinito y sobrehumano, que pensé que era mejor morir que vivir con la tozudez que tanto me había acompañado durante mi vida.
¿Cómo el ser humano puede ser tan débil y vulnerable? Dios se lo ha dado todo y sin embargo utiliza su propia inteligencia para alejarle de su felicidad. Como si fuera de listos “matar” al Ser Infinito, al que más nos Ama, a quien más nos da.

¡Torpe, necia y débil es la razón humana en menesteres divinos! ¡Y qué bruto fue Adán metiéndonos en este lío!

Y así, poco a poco, (y como tampoco es de inteligentes suicidarse para intentar alcanzarte por la vía rápida), me sometí a ese amor tierno e infinito de Madre que tú te empeñaste en plantar en mi corazón durante ese leve e intensísimo segundo.
Ya te lo decía al empezar esta carta, como soy torpe y corta de sesera he necesitado algún tiempo para analizar este gran regalo. Pero no he perdido el tiempo, no, porque Tú, con ese amor inconmensurable de Madre, me has ido haciendo entender con la mayor de las dulzuras que nada importa más que el conocimiento y la entrega absoluta y voluntaria a tu Hijo y Señor.
Ahora sigo teniendo problemas, vaya, pues como todo el mundo. Pero mis problemas nada temen porque te siento a mi lado sea noche o aurora. Y nada temo Madre, porque sé que tú me vigilas y acompañas.
He aprendido a conocerte, a amarte y a entregarme a ti. ¡Y qué sorpresas me ha traído ese precioso y dulce conocimiento!
Como nunca acabaría de enumerar tantas virtudes de Amor, sólo diré que desde que te conocí ya no te digo que tengo un gran problema, sino que le digo al problema que tengo una gran Madre. Y que tiemble…, porque es mucho más fuerte que el primo de Zumosol.

Ya te lo decía al principio de nuestra charla…: soy corta de entendimiento, y por eso ahora se me ha olvidado lo que te quería pedir.
Pero, bueno… No importa. ¿Cómo va a importar si sé que Tú sí lo recordarás y te encargarás de solucionar aquello que me turba? Y es que en tus manos estoy protegida, porque eres mi Madre… La más amorosa, poderosa y bella de todas las Madres.

(Mª VALLEJO-NÁGERA )

Amiga, asesora, compañera, madre e hija... escucha esta voz...


Si nadie te ama, mi alegría es amarte.
Si lloras, estoy deseando consolarte.
Si eres débil, te daré mi fuerza y mi alegría.
Si nadie te necesita, yo te busco.
Si eres inútil, yo no puedo prescindir de ti.
Si estás vacío, mi ternura te colmará.
Si tienes miedo, te llevo en mis brazos.
Si quieres caminar, iré contigo.
Si me llamas, vengo siempre.
Si te pierdes, no duermo hasta encontrarte.
Si estás cansado, soy tu descanso.
Si pecas, soy tu perdón.
Si me hablas, trátame de tú.
Si me pides, soy don para ti.
Si me necesitas, te digo: estoy aquí dentro de ti.
Si te resistes, no quiero que hagas nada a la fuerza.
Si estás a oscuras, soy lámpara para tus pasos.
Si tienes hambre, soy pan de vida para ti.
Si eres infiel, yo soy fiel contigo.
Si quieres hablar, yo te escucho siempre.
Si me miras, verás la verdad en tu corazón.
Si estás en prisión, te voy a visitar y liberar.
Si te marchas, no quiero que guardes las apariencias.
Si piensas que soy tu rival, no quiero quedar por encima de ti.
Si quieres ver mi rostro, mira una flor, una fuente, un niño.
Si estás excluido, yo soy tu aliado.
Si todos te olvidan, mis entrañas se estremecen recordándote.
Si no tienes a nadie, me tienes a mí.
Si eres silencioso, mi palabra habitará en tu corazón.
Si nunca has encontrado el amor verdadero, aquí te espero:
MI NOMBRE ES JESUS




(*) (J.M. Moratiel, Orden de Predicadores Dominicos)






domingo, 16 de abril de 2006

"Cristo vive, el Amor es más fuerte que la muerte..."

"Cristo vive, el amor es más fuerte que la muerte", dice el Papa Benedicto XVI.
-"Jesús no es un personaje del pasado sino que llama continuamente al hombre a seguirlo y a encontrar en Él el camino de la vida."
-"Él vive, y como viviente camina delante de nosotros; nos llama a seguirlo, al viviente, y a encontrar así también nosotros el camino de la vida."
-"En la Pascua nos alegramos porque Cristo no se ha quedado en el sepulcro, su cuerpo no ha visto la corrupción; pertenece al mundo de los vivientes, no a aquél de los muertos; nos alegramos porque Él es el Alfa y al mismo tiempo la Omega, existe por lo tanto no solo ayer, sino hoy y por toda la eternidad."
-"la resurrección de Cristo es la más grande mutación, el salto absolutamente más decisivo hacia una dimensión totalmente nueva, que en la larga historia de la vida y de sus desarrollos jamás se ha visto: un salto en un orden completamente nuevo, que tiene que ver con nosotros y concierne a toda la historia."
-"Él pudo dejarse matar por amor, pero justamente así destruyó el carácter definitivo de la muerte,porque en Él estaba presente el carácter definitivo de la vida."
-"Su muerte fue un acto de amor."
-"La resurrección fue como un estallido de luz, una explosión del amor..."
-"la resurrección es un salto cualitativo en la historia de la ‘evolución’ y de la vida en general hacia una nueva vida futura, hacia un mundo nuevo que, partiendo de Cristo, entra ya continuamente en este mundo nuestro, lo transforma y lo atrae hacia sí."
-"Dicho acontecimiento llega mediante la fe y el Bautismo."
-"el Bautismo es algo muy distinto de un acto de socialización eclesial, de un ritual un poco fuera de moda y complicado para acoger a las personas en la Iglesia. También es más que una simple limpieza, una especie de purificación y embellecimiento del alma. Es realmente muerte y resurrección, renacimiento, transformación en una nueva vida."
-"Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí."-"Vivo, pero ya no soy yo.Con estas palabras Pablo no describe una experiencia mística cualquiera, que tal vez podía habérsele concedido y, si acaso, podría interesarnosdesde el punto de vista histórico. No, esta frase es la expresión de lo que ha ocurrido en el Bautismo. Se me quita el propio yo y es insertado en un nuevo sujeto más grande. Así, pues, está de nuevo mi yo, pero precisamente transformado, bruñido, abierto por la inserción en el otro, en el que adquiere su nuevo espacio de existencia."
-"El gran estallido de la resurrección nos ha alcanzado en el Bautismo para atraernos. Quedamos así asociados a una nueva dimensión de la vida en la que, en medio de las tribulaciones de nuestro tiempo, estamos ya de algún modo inmersos. Vivir la propia vida como un continuo entrar en este espacio abierto: éste es el sentido del ser bautizado, del ser cristiano."
-"Ésta es la alegría de la Vigilia Pascual. La resurrección no ha pasado, la resurrección nos ha alcanzado e impregnado. A ella, es decir al Señor resucitado, nos sujetamos, y sabemos que también Él nos sostiene firmemente cuando nuestras manos se debilitan. Nos agarramos a su mano, y así nos damos la mano unos a otros, nos convertimos en un sujeto único y no solamente en una sola cosa. Yo, pero no más yo: ésta es la fórmula de la existencia cristiana fundada en el bautismo, la fórmula de la resurrección en el tiempo. Yo, pero no más yo: si vivimos de este modo transformamos el mundo. Es la fórmula de contraste con todas las ideologías de la violencia y el programa que se opone a la corrupción y a las aspiraciones del poder y del poseer."
-"la vida eterna, la inmortalidad beatífica, no la tenemos por nosotros mismos ni en nosotros mismos, sino por una relación, mediante la comunión existencial con Aquél que es la Verdad y el Amor y, por tanto, es eterno, es Dios mismo."
-"La mera indestructibilidad del alma, por sí sola, no podría dar un sentido a una vida eterna, no podría hacerla una vida verdadera. La vida nos llega del ser amados por Aquél que es la Vida; nos viene del vivir con Él y del amar con Él. Yo, pero no más yo: ésta es la vía de la Cruz, la vía que cruza una existencia encerrada solamente en el yo, abriendo precisamente así el camino a la alegría verdadera y duradera."
-"de este modo, llenos de gozo, podemos cantar con la Iglesia en el Exultet: "Exulten por fin los coros de los ángeles... Goce también la tierra". La resurrección es un acontecimiento cósmico, que comprende cielo y tierra, y asocia el uno con la otra. Y podemos proclamar también con el Exultet: "Cristo, tu hijo resucitado... brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos"".
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