lunes, 3 de diciembre de 2007

Razones para la Esperanza



Razones para la Esperanza

Llevamos varias décadas escuchando cómo nos venden la burra los charlatanes de feria con discursitos que hablan de un mundo mejor, la felicidad plena y la autorrealización personal. La armonía total, vamos. Y todo ello gracias al progreso y al bienestar material. Una ilusión que traería justicia y paz para todos. La cuadratura del éxito. Lo preocupante es que occidente, con esa gran esperanza por construir una humanidad mejor, ha generado la mayor tasa de suicidios de toda su Historia, de abortos, familias rotas y personas que viven en soledad. Si pudieramos cuantificar la infelicidad del mundo opulento sería proporcional a su riqueza.


Si Benedicto XVI se arranca ahora con una encíclica sobre la esperanza es, justamente, porque debe ver desde su privilegiada atalaya cómo el mundo, sobre todo el Viejo Continente, ha tirado la toalla en la lucha por la felicidad que ansía todo hombre; al descubrir que "esas burras" que nos han bombardeado durante años son falsas. Cómo la desesperanza y el individualismo ganan peso y el "sálvese quien pueda" se impone. Cómo nuestras limitaciones no encuentran solución y el desamor se acomoda en nuestro corazón.

¿quién puede salvarnos?, ¿cómo podremos encontrar la felicidad?
lo dice Don Joseph: "Quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, está sin esperanza".

Sólo Él puede dar sentido a nuestra vida.
Sólo Él puede sanar nuestras heridas.
Sólo Él puede limpiar nuestras miserias.
Creer que podemos ser como dioses y que nos bastan los nuevos progresos para alcanzar la plenitud ha generado la mayor de las pobrezas: perder el gusto por la vida y la esperanza de una felicidad completa.
Son nuevas razones para la esperanza. Vale la pena asumirlas.

Álex Rosal
(La Razón)

martes, 30 de octubre de 2007

Martires del siglo XX

Oh Dios, que enviaste a tu Hijo,
para que muriendo y resucitando
nos diese su Espíritu de amor.
Nuestros hermanos,
mártires del siglo XX en España,
mantuvieron su adhesión a Jesucristo
de manera tan radical y plena
que les permitiste derramar su sangre por Él.
Danos la gracia y la alegría de la conversión
para asumir las exigencias de la fe;
ayúdanos, por su intercesión,
y por la de María, Reina de los mártires,
a ser siempre artífices de reconciliación en la sociedad y
a promover una viva comunión
entre los miembros de tu Iglesia en España;
enséñanos a comprometernos, con nuestros pastores,
en la nueva evangelización
haciendo de nuestras vidas
testimonios eficaces del amor a Ti y a los hermanos.
Te lo pedimos por Jesucristo,
el Testigo fiel y veraz,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

domingo, 28 de octubre de 2007

Imitacion de Cristo



Capítulo: XV
COMO COMPORTARSE Y EXPRESARSE EN LOS DESEOS


Jesucristo:
1. Hijo mío, di así para todo:
Señor, si te agrada, que se haga así;
Señor, si es en honor tuyo,
haz esto en tu Nombre.
Señor, si te parece que me conviene y encuentras que me será útil,
concédelo para que lo use en tu honor.
Pero si sabes que me va a causar daño,
o desaprovechar para la salvación de mi alma
aparta de mí este deseo.
No todo deseo proviene del Espíritu Santo
aunque al hombre le parezca correcto y bueno.
Es difícil juzgar rectamente,
si te impulsa a desear esto o lo otro
un espíritu bueno u otro distinto,
o si te impulsa tu propio ánimo.
Muchos que al principio parecían ser conducidos
por buen espíritu, quedan decepcionados al final.


2. Por eso siempre se debe desear y pedir, con respeto a Dios y humildad en el corazón,
todo lo que sobrevenga como deseable al pensamiento;
y sobre todo, encomendárseme diciendo:
Señor, Tú sabes qué es lo mejor:
haz que suceda esto o lo otro, según quieras.
Da lo que quieras, cuanto quieras, y cuando quieras.
Haz conmigo como sabes, lo que más te agrade a Ti,
y según sea para tu mayor honor.
Ponme donde quieras; dispón de mí libremente en todo.
Estoy en tus manos; dame vueltas para un lado y el otro.
Yo soy tu servidor, dispuesto para todo
porque no deseo vivir para mí sino para Ti,
ojalá que con dignidad y perfección.

3. Oración para cumplir la voluntad de Dios:
Concédeme, compasivo Jesús, tu gracia
para que esté conmigo y conmigo trabaje (Sb 9,10)
y conmigo persevere hasta el fin.
Concédeme desear y querer siempre
lo que es más aceptable para Ti y más te agrada.
Tú voluntad sea mía
y mi voluntad siga siempre a la tuya y concuerde
de la mejor manera con ella.
Mi querer sea siempre uno contigo
y sólo pueda querer o no querer
lo que Tú quieres o no quieres.
Concédeme que muera a todo lo que me tienta del mundo
y por Ti, que ame ser despreciado y desconocido.
Concédeme descansar en Ti sobre todo lo deseado
y que mi corazón encuentre en Ti la paz.
Tú eres la verdadera paz del corazón, su único descanso;
fuera de Ti, todas las cosas son adversas e inestables.
En esta paz permanente,
es decir, en Ti Único Supremo y Eterno Bien
dormiré y descansaré.
Así sea.


jueves, 4 de octubre de 2007

Cantico de las criaturas


Cántico de las criaturas
Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti sólo, Altísimo corresponden y ningún hombre es digno de mencionarte.
Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente messer hermano Sol, el cual es día, y nos iluminas por él. Y es bello y radiante con gran esplendor: de ti, Altísimo, lleva significación.
Alabado seas, mi Señor, por hermana Luna y las Estrellas: en el cielo las has formado claras, preciosas y bellas.
Alabado seas, mi Señor por hermano Viento, y por Aire y Nublo y Sereno y todo tiempo, por el cual a tus criaturas das sustento.
Alabado seas, mi Señor, por hermana Agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.
Alabado seas, mi Señor, por hermano Fuego, por el cual nos alumbra la noche: y él es bello y jocundo y robusto y fuerte.
Alabado seas, mi Señor, por hermana nuestra madre Tierra, la cual nos sustenta y gobierna, y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.
Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor y soportan enfermedad y tribulación. Dichosos aquellos que las sufrirán en paz, porque de ti, Altísimo, coronados serán.
Alabado seas, mi Señor, por hermana Muerte corporal, de la que ningún hombre viviente puede escapar: ¡Ay de aquellos que morirán en los pecados mortales! ¡Dichosos los que encontrará en tu santísima voluntad, porque la muerte segunda no les hará mal. Alabad y bendecir a mi Señor y dadle gracias y servidlo con gran humildad.

San Francisco de Asís

lunes, 30 de julio de 2007

Oración a Jesús...


Oh Jesús, Amigo del Corazón solitario, Tú eres mi puerto, Tú eres mi paz, Tú eres mi única salvación, Tú eres la serenidad en los momentos de lucha y en el mar de dudas.
Tú eres el rayo brillante que ilumina el sendero de mi vida.
Tú eres todo para el alma solitaria.
Tú comprendes al alma, aunque ella permanezca callada.
Tú conoces nuestras debilidades y como un buen médico consuelas y curas, ahorrándonos sufrimientos, como un buen experto.

(Santa María Faustina Kowalska)
La Divina Misericordia en mi alma
(Diario, 247)
ISBN 84-933295-1-7

martes, 24 de julio de 2007

Carta a Ragheed...



«Tu sangre no ha sido derramada en vano»
Viernes, 8 de junio 2007

En nombre de Dios, clemente y misericordioso, Ragheed, hermano mío, te pido perdón, hermano, por no haber estado a tu lado cuando los criminales abrieron fuego contra ti y tus hermanos, pero las balas que han traspasado tu cuerpo puro e inocente, me han traspasado también el corazón y el alma.
Fuiste una de las primeras personas que conocí a mi llegada a Roma, en los pasillos del «Angelicum» [la Universidad Pontificia de Santo Tomás, ndr.], donde nos conocimos y donde bebíamos juntos nuestro «capuchino» en la cafetería de la universidad. Tú me habías impresionado por tu inocencia, tu alegría, tu sonrisa tierna y pura que no te abandonaba nunca.
Yo no puedo dejar de imaginarte sonriente, feliz, lleno de alegría de vivir. Ragheed para mí es la inocencia hecha persona, una inocencia sabia, que lleva en su corazón las preocupaciones de su pueblo infeliz. Recuerdo el día en el comedor de la universidad, cuando Irak estaba bajo embargo y tú me dijiste que el precio de un solo «capuchino» habría podido colmar las necesidades de una familia iraquí durante todo un día, como si te sintieras de algún modo culpable de estar lejos de tu pueblo asediado y de no compartir sus sufrimientos...
Luego volviste a Irak, no sólo para compartir con la gente su destino de sufrimientos, sino también para unir tu sangre a la de miles de iraquíes que mueren cada día. No podré nunca olvidar el día de tu ordenación en la Universidad Urbaniana... Con lágrimas en los ojos, me dijiste: «Hoy he muerto para mí»… una frase muy dura.
Inmediatamente no la comprendí bien, o quizá no la tomé en serio como habría debido... Pero hoy, a través de tu martirio, he comprendido esta frase… Tú has muerto en tu alma y en tu cuerpo para resucitar en tu bienamado y en tu maestro y para que Cristo resucite en ti, a pesar de los sufrimientos y las tristezas, a pesar del caos y la locura.
¿En nombre de qué dios de la muerte te han matado? ¿En nombre de qué paganismo te han crucificado?… ¿Sabían verdaderamente lo que hacían?
Oh Dios, nosotros no te pedimos venganza o represalia, sino victoria… victoria de lo justo sobre lo falso, de la vida sobre la muerte, de la inocencia sobre la perfidia, de la sangre sobre la espada… Tu sangre no habrá sido derramada en vano, querido Ragheed, porque ha santificado la tierra de tu país… y tu sonrisa tierna seguirá iluminando desde el cielo las tinieblas de nuestras noches y anunciándonos un mañana mejor.
Te pido perdón, hermano, pero cuando los vivos se encuentran, creen que tienen todo el tiempo para conversar, visitarse y decirse los propios sentimientos y los propios pensamientos… Tú me habías invitado a Irak… Yo soñaba siempre con ello... visitar tu casa, a tus padres, tu despacho… No habría nunca pensado que sería tu tumba la que un día visitaría o que habrían sido los versículos de mi Corán los que recitaría para el reposo de tu alma...
Un día, te acompañé a comprar objetos de recuerdo y regalos para tu familia en vísperas de tu primera visita a Irak tras una larga ausencia. Tú me habías hablado de tu trabajo futuro: «Querría reinar sobre la gente sobre la base de la caridad antes que de la justicia», me habías dicho. Entonces me era difícil imaginarte como «juez» canónico… Pero hoy tu sangre y tu martirio han dicho su palabra, veredicto de fidelidad y de paciencia, de esperanza contra todo sufrimiento y de supervivencia, a pesar de la muerte, a pesar de la nada.
Hermano, tu sangre no ha sido derramada en vano... y el altar de tu iglesia no era una mascarada… Tú has asumido tu papel con profunda seriedad, hasta el final, con una sonrisa que nada podrá apagar… nunca.
Tu hermano que te quiere:
Adnan Mokrani
Roma, 4 junio 2007
Profesor de Islam en el Instituto de Estudios de las Religiones y de las Civilizaciones, Universidad Pontificia Gregoriana, Roma.
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Cristianos de Iraq
Lo asesinaron en Mosul, junto a tres de sus subdiáconos. En un Irak devastado, era un hombre cristiano de fe límpida y valiente. por Sandro Magister
ROMA, 5 de junio del 2007 – Lo han asesinado el domingo después de Pentecostés, después de que había celebrado la misa en la iglesia de su parroquia dedicada al Espíritu Santo, en Mosul.
Han matado al Padre Ragheed Ganni, sacerdote católico caldeo, junto a los tres subdiáconos que estaban con él, Basman Yousef Daud, Wahid Hanna Isho, Gassan Isam Bidawed. Los asaltantes alejaron a la esposa de este último y abatieron a los cuatro a sangre fría. Después colocaron en torno a sus cuerpos cargas de explosivo auto-detonables para que ninguno osara acercarse. Sólo tarde por la noche la policía de Mosul pudo desactivar los artefactos explosivos y recoger los cuerpos.
La Iglesia caldea los ha llorado inmediatamente como mártires. Desde Roma Benedicto XVI ha rezado. El Padre Ragheed era uno de los testimonios de vida cristiana más límpidos y valientes en un país de los más devastados.
Nació en Mosul hace 35 años. Graduado en ingeniería en la universidad local en 1993, del 1996 al 2003 estudió teología en Roma en el Angelicum, la Universidad Pontificia Santo Tomás de Aquino, consiguiendo la licenciatura en teología ecuménica. Además del árabe, hablaba correctamente el italiano, francés e inglés. Era corresponsal de la agencia internacional “Asia News”, del Pontificio Instituto Misiones Exteriores.
El día después de su martirio “Asia News” publicó este retrato de él:
"La Eucaristía nos dona nuevamente la vida que los terroristas buscan quitarnos"
“Sin domingo, sin Eucaristía los cristianos en Irak no pueden vivir”: el Padre Ragheed contaba así la esperanza de su comunidad acostumbrada cada día a ver a la muerte cara a cara, la misma muerte que ayer en la tarde a afrontado él, regresando de la misa.
Después de haber nutrido a sus fieles con el cuerpo y la sangre de Cristo, ha donado también su propia sangre, su vida por la unidad de Irak y por el futuro de su Iglesia.
Con pleno conocimiento este joven sacerdote había escogido permanecer junto a sus fieles, en su parroquia dedicada al Espíritu Santo, en Mosul, considerada la ciudad más peligrosa de Irak, después de Bagdad. El motivo es simple: sin él, sin el pastor, la grey se habría descarriado. En la barbarie de los kamikazes y de las bombas al menos una cosa era segura y daba fuerza para resistir: “Cristo – decía Ragheed – con su amor sin fin desafía el mal, nos mantiene unidos, y a través de la Eucaristía nos dona nuevamente la vida que los terroristas buscan quitarnos”.
Murió ayer, masacrado por una violencia ciega. Asesinado regresando de la iglesia, donde la gente – aunque siempre menos, siempre más desesperada y asustada – continuaba reuniéndose como podía.
“Los jóvenes – decía Ragheed hace algunos días – organizan la vigilancia después de los diferentes atentados ya sufridos por la parroquia, los secuestros y las amenazas interrumpidas a los religiosos. Los sacerdotes dicen la misa entre las ruinas causadas por las bombas. Las mamás, preocupadas, ven a sus hijos desafiar los peligros yendo a la catequesis con entusiasmo. Los viejos vienen a confiar a Dios las familias que fugan de Irak, el país que ellos – por el contrario – no quieren dejar, solidamente radicados en las casas construidas con el sudor de años. Impensable abandonarlas”.
Ragheed era como ellos, como un padre fuerte que quiere proteger a sus hijos: “El no desesperar es nuestro deber. Dios escuchará nuestras súplicas por la paz en Irak”.
En el 2003 después de los estudios en Roma decidió regresar a su país, “porque allí esta mi lugar”. Regresó también para participar en la reconstrucción de su patria, en la reconstrucción de una “sociedad libre”. Hablaba de Irak lleno de esperanza, con su sonrisa cautivadora: “¡Cayó Saddam, hemos elegido un gobierno, hemos votado una Constitución!”. Organizaba cursos de teología para laicos en Mosul; trabajaba con los jóvenes; consolaba a las familias pobres. En este último mes estaba trabajando para hacer curar en Roma a un niño con graves problemas de vista.
Su testimonio es el de una fe vivida con entusiasmo. Objetivo de repetidas amenazas y atentados desde el 2004, ha visto sufrir parientes y desaparecer amigos, y sin embargo hasta el último ha seguido recordando que también ese dolor, esa carnicería, esa anarquía de la violencia, tenía un sentido: debía ofrecerse.
Después de un ataque a su parroquia, el pasado domingo de Ramos, 1º de abril, decía: “Nos hemos sentido como Jesús cuando entra a Jerusalén, sabiendo que la consecuencia de Su amor por los hombres será la Cruz. Así nosotros, mientras los proyectiles atravesaban los vidrios de la iglesia, hemos ofrecido nuestro sufrimiento como signo de amor a Jesús”.
También contaba hace pocas semanas: “Esperamos cada día el ataque decisivo, pero no dejaremos de celebrar la misa. Lo haremos incluso bajo tierra, donde estamos más seguros. En esta decisión soy alentado por la fuerza de mis parroquianos. Se trata de una guerra, una guerra de verdad, pero esperamos llevar esta Cruz hasta el fin con la ayuda de la Gracia divina”.
Y entre las dificultades cotidianas él mismo se maravillaba de llegar así a comprender en modo más profundo “el gran valor del domingo, día del encuentro con Jesús Resucitado, día de la unidad y del amor entre nosotros, del sostén y de la ayuda”.
Después los autos-bomba se multiplicaron; los secuestros de sacerdotes en Bagdad y en Mosul se hicieron siempre más frecuentes; los sunitas empezaron a pedir una tasa a los cristianos que quieren permanecer en sus casas, so pena la confiscación por parte de los militares. Sigue faltando la electricidad, el agua, la comunicación telefónica es difícil. Ragheed comienza a cansarse, su entusiasmo se debilita. Hasta que, en su último correo a “Asia News”, el 28 de mayo pasado, admite: “Estamos por derrumbarnos”. Y cuenta de la última bomba caída en la iglesia del Espíritu Santo, precisamente después de las celebraciones del día de Pentecostés, el 27 de mayo; de la “guerra” desatada una semana antes, con 7 autos-bomba y 10 artefactos explosivos en pocas horas; del toque de queda que por tres días “nos ha tenido prisioneros en nuestras casas”, sin poder celebrar la fiesta de la Ascensión, el 20 de mayo.
Se preguntaba en cual sendero había desembocado su país: “En un Irak sectario y confesional, ¿qué puesto se les dará a los cristianos? No tenemos soporte, ningún grupo que se bata por nuestra causa, estamos solos en este desastre. Irak ya está dividido y no será más lo mismo. ¿Cuál es el futuro de nuestra Iglesia?”
Pero después confirmando la fuerza de su fe, puesta a prueba pero segura: “Puedo equivocarme, pero tengo la certeza de que una cosa, una sola cosa es verdad siempre: que el Espíritu Santo seguirá iluminando algunas personas para que trabajen por el bien de la humanidad, en este mundo tan lleno de mal”.
Querido Ragheed, con el corazón que grita de dolor, tú nos dejas esta esperanza y certeza tuyas. Golpeándote a ti han querido aniquilar la esperanza de todos los cristianos en Irak. En cambio, con tu martirio, tú nutres y donas nueva vida a tu comunidad, a la Iglesia iraquí y a la universal.
¡Gracias, Ragheed!

(Aciprensa)


sábado, 23 de junio de 2007

Amigo...

Amigo

Tu eres mi hermano del alma, realmente el amigo
que en todo camino y jornada esta siempre conmigo
aunque eres un hombre aún tienes alma de niño
aquel que me da su amistad su respeto y cariño

recuerdo que juntos pasamos muy duros momentos
y tu no cambiaste por fuertes que fueran los vientos
es tu corazón una casa de puertas abiertas
tu eres realmente el mas cierto en horas inciertas.

En ciertos momentos difíciles que hay en la vida
buscamos a quien nos ayude a encontrar la salida
y aquella palabra de fuerza y de fe que me has dado
me da la certeza que siempre estuviste a mi lado.

Tu eres mi amigo del alma en toda jornada
sonrisa y abrazo festivo a cada llegada
me dices verdades tan grandes con frases abiertas
tu eres realmente el mas cierto de horas inciertas.

No preciso ni decir todo esto que te digo
pero es bueno así sentir, que eres tu mi gran amigo.

No preciso ni decir todo esto que te digo
pero es bueno así sentir, que yo tengo un gran amigo.

(Roberto Carlos)

miércoles, 20 de junio de 2007

Y Dios dijo "no"...



Y Dios dijo "no"

Yo le pedí a Dios muchas cosas para gozar de la vida
y Dios dijo "no"...
me dijo que Él me dio la vida
para que disfrutara de todas las cosas...

Le pedí a Dios que me quitara mis malos hábitos
y Dios dijo "no"...
me dijo que Él me muestra el Camino
pero que debo ser yo
el que comience a caminar...

Le pedí a Dios que me quitara mi orgullo
y Dios dijo "no"...
me dijo que no era algo que Él tuviera que quitarme
sino que yo tenía que entregar...

Le pedí a Dios que sanara a mi niño enfermo
y Dios dijo "no"...
me dijo que su espíritu estaba sano
y que su cuerpo era algo temporal, nada más.

Le pedí a Dios que me concediera paciencia
y Dios dijo "no"...
me dijo que la paciencia es producto de la tribulación,
y no se concede, se conquista...

Le pedí a Dios, que me diera felicidad
y Dios dijo "no"...
me dijo que Él da bendiciones,
la felicidad depende de mí,
y de mi actitud ante sus dones...

Le pedí a Dios que me evitara todo dolor
y Dios dijo "no"...
me dijo que el dolor y el sufrimiento
me apartan de las preocupaciones mundanas
y me acercan más a Él...

Le pedí a Dios que hiciera crecer mi espíritu
y Dios dijo "no"...
me dijo que debo buscar mi propio crecimiento,
pero que Él me podaría de vez en cuando,
para que diera más fruto...

Le pregunté a Dios si me amaba
y Dios dijo "sí"...
me dijo que me había dado a su Único Hijo
y que había muerto por mí,
y que un día estaré en el paraíso porque tengo fe.

Le pedí a Dios que me ayudara a amar a los otros,
como Él me ama,
y Dios dijo: "Al fin estás empezando a entender "

(Autor desconocido)





sábado, 2 de junio de 2007

Oración a Jesús solitario...


Oración a Jesús solitario en el Santísimo Sacramento

¡Oh Divino Jesús!
que durante la noche estáis solitario
en tantos tabernáculos del mundo,
sin que ninguna de vuestras criaturas
vaya a visitaros y adoraros.

Yo os ofrezco mi pobre corazón,
deseando que todos sus latidos
sean otros tantos de amor y adoración.

Vos, Señor, estáis siempre en vela
bajo las especies Sacramentales,
vuestro amor misericordioso nunca duerme
ni se cansa de velar por los pecadores.

¡Oh Jesús amantísimo, Oh Jesús solitario!,
haced mi corazón cual lámpara encendida;
en caridad se inflame y arda siempre en vuestro amor.

Vela ¡oh centinela divino!, vela por el mísero mundo,
por los sacerdotes, por las almas consagradas,
las extraviadas, por los pobres enfermos,
cuyas noches interminables necesitan tu fortaleza y tu consuelo,
por los moribundos y por este tu humilde siervo
que para mejor servirte descansa pero sin alejarse de ti,
de tu Sagrario...
donde vives en la soledad y el silencio de la noche.

Sea siempre bendito, alabado, adorado,
amado y reverenciado el Corazón Sagrado de Jesús
en todos los Sagrarios del mundo.
Amén.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Oracion ante la cruz...


Señor Jesús,

tu pasión es la historia de toda la humanidad:
la historia en la que los buenos son humillados,
los pacíficos ... agredidos,
los honestos ... pisoteados
y los puros de corazón escarnecidos con burla.
¿Quién vencerá?

¿Quién dirá la última palabra?
Señor Jesús,

nosotros creemos que la última palabra eres Tú:
en ti los buenos ya han vencido,
en ti los mansos ya han triunfado
en ti los honestos son coronados
y los puros de corazón brillan como estrellas en la noche.

Señor Jesús, esta tarde volvemos a recorrer el camino de tu cruz,
sabiendo que es también nuestro camino.
Pero nos ilumina una certidumbre:
el camino no termina en la cruz,
sino que lleva más allá,
lleva hasta el Reino de la vida
y el colmo de la alegría
que nadie podrá arrebatarnos jamás.

¡Oh, Jesús!,
me detengo pensativo
a los pies de tu cruz:
también yo la he construido con mis pecados.
Tu bondad que no se defiende
y se deja crucificar
es un misterio que me sobrepasa
y conmueve mis entrañas.

Señor, tú has venido al mundo por mí,
para buscarme, para traerme el abrazo del Padre:
el abrazo que tanto hecho en falta.
Tú eres el rostro de la bondad
y de la misericordia:
por eso quieres salvarme.


Hay tanto egoísmo dentro de mi:
¡ven con tu caridad sin límites!
Dentro de mí hay orgullo y maldad:
¡ven con tu mansedumbre y humildad!
Señor, yo soy el pecador que ha de ser salvado:
el hijo pródigo que debe volver, soy yo.


Señor, concédeme el don de lágrimas
para recobrar la libertad y la vida,
la paz contigo y la alegría en ti.

(Oración Via Crucis 2006)


miércoles, 9 de mayo de 2007

La Regla de Oro


No juzguéis
La «Regla de Oro», síntesis del comportamiento del discípulo de Cristo.
Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap.
VII Domingo del Tiempo Ordinario [C]
ROMA, viernes, 16 febrero 2007 (ZENIT.org)
El Evangelio de este domingo contiene una especie de código moral que debe caracterizar la vida del discípulo de Cristo. Todo se resume en la llamada «regla de oro» de la actuación moral: «Lo que queréis que los hombres os hagan a vosotros, también vosotros hacédselo a ellos». Esta regla, si se pone en práctica, bastaría por sí sola para cambiar el rostro de la familia de la sociedad en la que vivimos. El Antiguo Testamento la conocía en la forma negativa: «No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan» (Tb 4, 15); Jesús la propone en forma positiva: «Tratad a los demás como queréis que ellos os traten», que es mucho más exigente.
Pero del pasaje del Evangelio brotan también interrogantes. «Al que te pegue en la mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames...». ¿Jesús manda por lo tanto a sus discípulos que no se opongan al mal, que dejen la mano libre a los violentos? ¿Cómo se concilia esto con la exigencia de combatir la prepotencia y el crimen, de denunciarlo con energía, incluso corriendo riesgos? ¿Cómo lo situamos con la «tolerancia cero», hoy invocada desde muchas partes ante la difusión de la micro criminalidad?
El Evangelio no sólo no condena esta exigencia de legalidad, sino que la refuerza. Hay situaciones en que la caridad no exige poner la otra mejilla, sino ir directamente a la policía y denunciar el hecho. La regla de oro que vale para todos los casos, hemos oído, es hacer a los demás aquello que se querría que se le hiciera a uno. Si tú, por ejemplo, eres víctima de un robo, de un tirón, de un chantaje, si alguien te ha chocado y te ha destrozado el coche, estarías ciertamente contento si quien ha visto los hechos estuviera dispuesto a testimoniar en tu favor. El Evangelio te dice que esto es lo que también tú debes hacer a los demás, sin atrincherarte tras el habitual: «No he visto nada, no sé nada». El crimen prospera sobre el miedo y el silencio.
Pero tomemos las palabras en cierto sentido más peligrosas del Evangelio del domingo: «No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados». ¿Entonces luz verde a la impunidad? ¿Y qué decir de los magistrados que juzgan a tiempo completo, por profesión? ¿Están condenados de partida por el Evangelio? El Evangelio no es tan ingenuo e irrealista como podría parecer a primera vista. ¡No nos ordena tanto que suprimamos el juicio de nuestra vida, sino suprimir el veneno de nuestro juicio! Esto es, esa parte de hastío, de rechazo, de venganza que se mezcla frecuentemente con la objetiva valoración del hecho. El mandamiento de Jesús: «No juzguéis y no seréis juzgados» es seguido inmediatamente, hemos visto, del mandamiento: «No condenéis y no seréis condenados» (Lc 6, 37). La segunda frase sirve para explicar el sentido de la primera.
Son los juicios «despiadados», sin misericordia, los que están prohibidos por la palabra de Dios; aquellos que, junto con el pecado, condenan sin apelación también al pecador. Justamente la conciencia del mundo civil rechaza hoy, casi unánimemente, la pena de muerte. En ella, de hecho, el aspecto de la venganza por parte de la sociedad y de aniquilamiento del reo prevalece sobre el de la autodefensa y la disuasión del crimen, que podrían obtenerse de forma no menos eficaz con otros tipos de pena. Entre otras cosas, en estos casos se mata a veces a una persona completamente diferente de la que cometió el crimen, porque entretanto se ha arrepentido y ha cambiado radicalmente.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
Código: ZS07021621
Fecha publicación: 2007-02-16

domingo, 22 de abril de 2007

Oracion ante la Inmaculada

Enséñanos a pronunciar un Sí sin reservas a Dios, pide el Papa ante la Inmaculada
ROMA, 08 Dic. 06 (ACI).- Durante la tradicional ofrenda floral ante la imagen de Santa María en la Plaza de España de esta ciudad en la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Papa Benedicto XVI pidió a la “Llena de gracia” nos enseñe “a pronunciar también nuestro ‘sí’ a la voluntad del Señor”, un “sí” que se une a su “sí” sin reservas y sin sombras para la salvación del mundo.
“’Llena de gracia’ eres tú, María, que acogiendo con tu “Sí” los proyectos del Creador, nos has abierto el camino de la salvación. Con tu ejemplo, enséñanos a pronunciar también nuestro “sí” a la voluntad del Señor. Un “sí” que se une a tu “sí” sin reservas y sin sombras, que el Padre celeste ha querido tener necesidad para generar al hombre nuevo, el Cristo, único Salvador del mundo y de la historia”, rezó el Santo Padre frente a la estatua de la Virgen María, que culmina la columna que se yergue delante de la embajada de España ante la Santa Sede en Roma.
“Danos el valor de decir “no” a los engaños del poder, del dinero, del placer; a las riquezas deshonestas, a la corrupción y a la hipocresía, al egoísmo y a la violencia. “No” al Maligno, príncipe de la mentira en este mundo. “Sí” a Cristo, que destruye la potencia del mal con la omnipotencia del amor. Sabemos que solo los corazones convertidos al Amor, que es Dios, pueden construir un futuro mejor para todos”, dijo el Pontífice en su segundo año que como Sucesor de Pedro se dirige a esta imagen.


A continuación la oración completa pronunciada por el Santo Padre esta tarde:


“Oh María, Virgen Inmaculada, también este año, nos volvemos a encontrar con amor filial a los pies de esta tu imagen para renovarte el homenaje de la comunidad cristiana y de la ciudad de Roma. Aquí nos detenemos en oración, siguiendo la tradición inaugurada de los Papas precedentes, en el día solemne en el que la liturgia celebra tu Inmaculada Concepción, misterio que es fuente de gozo y de esperanza para todos los redimidos. Te saludamos y te invocamos con las palabras del Ángel: ‘Llena de gracia’ (Lc 1,28), el nombre más bello, con el cual Dios mismo te ha llamado desde la eternidad.
‘Llena de gracia’ eres tú, María, llena del amor divino desde el primer instante de tu existencia, providencialmente predestinada a ser la Madre del Redentor, e íntimamente asociada a Él en el misterio de la salvación. En tu Inmaculada Concepción brilla la vocación de los discípulos de Cristo, llamados a convertirse, con su gracia, santos e inmaculados en el amor (cfr Ef 1,4). En ti brilla la dignidad de todo ser humano, que es siempre precioso a los ojos del Creador. Quien a ti dirige la mirada, oh Madre Toda Santa, no pierde la serenidad, por más duras que sean las pruebas de la vida. A pesar de la triste experiencia del pecado, que afea la dignidad de los hijos de Dios, quien a ti recurre redescubre la belleza de la verdad y del amor, y vuelve a encontrar el camino que conduce a la casa del Padre.
‘Llena de gracia’ eres tú, María, que acogiendo con tu ‘sí’ los proyectos del Creador, nos has abierto el camino de la salvación. Con tu ejemplo, enséñanos a pronunciar también nuestro ‘sí’ a la voluntad del Señor. Un ‘sí’ que se une a tu ‘sí’ sin reservas y sin sombras, que el Padre celeste ha querido tener necesidad para generar al hombre nuevo, el Cristo, único Salvador del mundo y de la historia. Danos el valor de decir “no” a los engaños del poder, del dinero, del placer; a las riquezas deshonestas, a la corrupción y a la hipocresía, al egoísmo y a la violencia. ‘No’ al Maligno, príncipe de la mentira en este mundo. ‘Sí’ a Cristo, que destruye la potencia del mal con la omnipotencia del amor. Sabemos que solo los corazones convertidos al Amor, que es Dios pueden construir un futuro mejor para todos.
¡‘Llena de gracia’ eres tú, María! ¡Tu nombre es para todas las generaciones garantía de segura esperanza. Sí! Porque, como escribe el sumo poeta Dante, para nosotros mortales tú “eres de esperanza fuente de vida” (Par., XXXIII, 12). A esta fuente de tu Corazón inmaculado, venimos una vez mas peregrinos confiados a recibir fe y consuelo, gozo y amor, seguridad y paz.
Virgen ‘llena de gracia’, muéstrate Madre tierna y con premura por los habitantes de esta tu ciudad, para que el auténtico espíritu evangélico los anime y oriente sus comportamientos; muéstrate Madre y guardiana vigilante de Italia y Europa, para que de las antiguas raíces cristianas los pueblos sepan tomar la linfa para construir su presente y su futuro; muéstrate Madre próvida y misericordiosa por el mundo entero, para que, respetando la dignidad humana dignidad y rechazando toda forma de violencia y de explotación, se coloquen bases sólidas para la civilización del amor. Muéstrate Madre especialmente de aquellos que tienen más necesidad: de los indefensos, de los marginados y los excluidos, de las víctimas de una sociedad que a menudo sacrifica al hombre por otros fines e intereses.
¡Muéstrate Madre de todos, oh María, y danos a Cristo, la esperanza del mundo! ¡’Monstra Te esse Matrem’, oh Virgen Inmaculada, llena de gracia! ¡Amén!”.

(www.aciprensa.com)

domingo, 25 de marzo de 2007

Vuelvo con San Juan (3, 16-21)

Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Juan (3, 16-21)
Gloria a ti, Señor.
16. “Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna.

17. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él.
18. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el Hijo único de Dios.
19. La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.
20. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran.
21. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

viernes, 2 de marzo de 2007

El misterio del mal

¿Por qué Dios permite que triunfen los malos ?

Está bien decir que Dios “permite”, porque Dios nunca puede causar el mal, ya que El es infinitamente perfecto e infinitamente bueno. Dios es la Bondad y la Perfección mismas.
Ahora bien, en la Voluntad de Dios podemos apreciar dos formas: una activa, mediante la cual Dios causa todo el bien que vemos, y una pasiva mediante la cual permite que se suceda el mal ... y lo permite sólo para sacar un mayor bien.
Dios no quiere el mal ... solamente lo permite. Y lo permite porque Dios hizo a los seres humanos libres. Ser hombre o mujer significa ser libre, porque Dios quiere que lleguemos a El en libertad. Ser libre significa que podemos escoger libremente el bien y también escoger libremente el mal. Con la libertad existe entonces la posibilidad del mal.
El problema está en que los hombres y mujeres de todos los tiempos -desde Adán y Eva hasta hoy- hemos mal usado ese regalo tan valioso que Dios nos dio: la libertad.
Pero el mal en el mundo no es fruto de la Voluntad de Dios, sino del mal uso que el ser humano ha hecho de la libertad que Dios le dio.
Al dejarnos llevar por el orgullo, el egoísmo, la mentira y por tantas otras seducciones del Maligno, crecen, entonces, la maldad, la injusticia, el desamor, la violencia y todos los demás males que vemos en nuestro entorno y en el mundo entero.
Pero Dios no quiere esto. La Voluntad activa de Dios es que todos los seres humanos nos salvemos y lleguemos al conocimiento de la Verdad. El mal se sucede porque nosotros, los seres humanos, escogemos el mal. Dios simplemente permite que tomemos esa terrible opción por el mal. Y cada opción por el mal que tomamos cada uno de nosotros va causando otros males en el mundo.
Sabemos que Dios puede sacar -y de hecho saca- bien de cualquier mal. El problema es que a veces nos cegamos y vemos sólo el mal y los males causados por el mal. Por estar tan alejados de Dios no podemos apreciar su actuación sacando bien del mal.
El mejor ejemplo de este tipo de actuación divina es nuestra redención. Esta ha sido el mayor bien sacado del peor mal: la muerte injustísima de Jesucristo, el Hijo de Dios, fue causa de nuestra salvación eterna.
Cierto, muchos males parecen no recibir su castigo aquí en esta vida. Pero tenemos que estar seguros que, siendo Dios también infinitamente justo, en el tribunal de la eternidad quedará todo en orden.
Es decir, el Juicio Final dará a conocer la Sabiduría y la Justicia de Dios. Ese día conocerá toda la humanidad cómo Dios dispuso la historia de la salvación de la humanidad y la historia de cada uno de nosotros para nuestro mayor bien, que es la felicidad definitiva, perfecta y eterna en la presencia de Dios en el Cielo. Se conocerá cómo los diferentes males y sufrimientos de las personas y de la humanidad los ha tornado Dios para Su gloria y para nuestro bien eterno. Mucho de lo que ahora en este mundo se considera tonto, negativo, incomprensible, se verá a la luz de la Sabiduría Divina.
“El día que Yo actúe’, dice el Señor de los Ejércitos ... entonces verán la diferencia entre los buenos y los malos, entre los que obedecen a Dios y los que no lo obedecen. Ya viene el día, ardiente como un horno, y todos los soberbios y malvados serán como la paja. El día que viene los consumirá, dice el Señor de los Ejércitos, hasta no dejarles ni raíz ni rama. Pero para ustedes, los que temen al Señor, brillará el Sol de Justicia, que les traerá la salvación en sus rayos” (Mlq. 3, 13-20).
Es así como la presencia del mal en el mundo es un misterio que sólo quedará explicado en la otra vida, en el Juicio Final.


(http://www.homilia.org/)

sábado, 10 de febrero de 2007

Consagracion de 1984


Plaza de San Pedro, 25 de marzo de 1984, en unión espiritual con todos los Obispos del mundo, el Papa Juan Pablo II consagra a todos los hombres y pueblos al Corazón Inmaculado de María:
«Y por eso, oh Madre de los hombres y de los pueblos, Tú que conoces todos sus sufrimientos y esperanzas, tú que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que invaden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, movidos por el Espíritu Santo, elevamos directamente a tu corazón: abraza con amor de Madre y de Sierva del Señor a este mundo humano nuestro, que te confiamos y consagramos, llenos de inquietud por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.
De modo especial confiamos y consagramos a aquellos hombres y aquellas naciones, que tienen necesidad particular de esta entrega y de esta consagración.
¡"Nos acogemos a tu protección, Santa Madre de Dios"!
¡No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades!».


Acto seguido, el Papa continúa con mayor fuerza y con referencias más concretas, comentando casi el triste cumplimiento del Mensaje de Fátima:
«He aquí que, encontrándonos hoy ante ti, Madre de Cristo, ante tu Corazón Inmaculado, deseamos, junto con toda la Iglesia, unirnos a la consagración que, por amor nuestro, tu Hijo hizo de sí mismo al Padre cuando dijo: "Yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad" (Jn 17, 19). Queremos unirnos a nuestro Redentor en esta consagración por el mundo y por los hombres, la cual, en su Corazón divino tiene el poder de conseguir el perdón y de procurar la reparación.
El poder de esta consagracióndura por siempre, abarca a todos los hombres, pueblos y naciones, y supera todo el mal que el espíritu de las tinieblas es capaz de sembrar en el corazón del hombre y en su historia; y que, de hecho, ha sembrado en nuestro tiempo.
¡Oh, cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración para la humanidad y para el mundo: para nuestro mundo contemporáneo, en unión con Cristo mismo! En efecto, la obra redentora de Cristo debe ser participada por el mundo a través de la Iglesia.
Lo manifiesta el presente Año de la Redención, el Jubileo extraordinario de toda la Iglesia.
En este Año Santo, bendita seas por encima de todas las creaturas, tú, Sierva del Señor, que de la manera más plena obedeciste a la llamada divina.
Te saludamos a ti, que estás totalmente unida a la consagración redentora de tu Hijo.
Madre de la Iglesia: ilumina al Pueblo de Dios en los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Ilumina especialmente a los pueblos de los que tú esperas nuestra consagración y nuestro ofrecimiento. Ayúdanos a vivir en la verdad de la consagración de Cristo por toda la familia humana del mundo actual.
Al encomendarte, oh Madre, el mundo, todos los hombres y pueblos, te confiamos también la misma consagración del mundo, poniéndola en tu corazón maternal.
¡Corazón Inmaculado! Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en los corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre la vida presente y da la impresión de cerrar el camino hacia el futuro.
¡Del hambre y de la guerra, líbranos!
¡De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable y de todo tipo de guerra, líbranos!
¡De los pecados contra la vida del hombre desde su primer instante, líbranos!
¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios, líbranos!
¡De toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional, líbranos!
¡De la facilidad de pisotear los mandamientos de Dios, líbranos!
¡De la tentativa de ofuscar en los corazones humanos la verdad misma de Dios, líbranos!
¡Del extravío de la conciencia del bien y del mal, líbranos!
¡De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos!, ¡líbranos!
Acoge, oh Madre de Cristo, este grito lleno de sufrimiento de todos los hombres. Lleno del sufrimiento de sociedades enteras.
Ayúdanos con el poder del Espíritu Santo a vencer todo pecado, el pecado del hombre y el «pecado del mundo», el pecado en todas sus manifestaciones.
Aparezca, una vez más, en la historia del mundo el infinito poder salvador de la Redención: poder del Amor misericordioso. Que éste detenga el mal.Que transforme las conciencias.Que en tu Corazón Inmaculado se abra a todos la luz de la Esperanza»

domingo, 28 de enero de 2007

Lectura del dia

Domingo 28 de Enero, 2007
Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario


Sálvanos, Señor y Dios nuestro; reúnenos de entre las naciones, para que podamos agradecer tu poder santo y sea nuestra gloria el alabarte.


Concédenos, Señor, Dios nuestro, amarte con todo el corazón y, con el mismo amor, amar a nuestros prójimos. Por nuestro Señor Jesucristo... Amén.


Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Jeremías (1, 4-5. 17-19)
En tiempo de Josías, el Señor me dirigió estas palabras: “Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco; desde antes de que nacieras, te consagré como profeta para las naciones. Cíñete y prepárate; ponte en pie y diles lo que yo te mando. No temas, no titubees delante de ellos, para que yo no te quebrante. Mira: hoy te hago ciudad fortificada, columna de hierro y muralla de bronce, frente a toda esta tierra, así se trate de los reyes de Judá, como de sus jefes, de sus sacerdotes o de la gente del campo. Te harán la guerra, pero no podrán contigo, porque yo estoy a tu lado para salvarte”, Palabra de Dios.


Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios (12, 31—13, 13)
Hermanos: Aspiren a los dones de Dios más excelentes. Voy a mostrarles el camino mejor de todos. Aunque yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que una campana que resuena o unos platillos que aturden. Aunque yo tuviera el don de profecía y penetrara todos los misterios, aunque yo poseyera en grado sublime el don de ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque yo repartiera en limosna todos mi bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. El amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites.
El amor dura por siempre; en cambio, el don de profecía se acabará; el don de lenguas desaparecerá y el don de ciencia dejará de existir,porque nuestros dones de ciencia y de profecía son imperfectos, pero cuando llegue la consumación, todo lo imperfecto desaparecerá.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, sentía como niño y pensaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, hice a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo y oscuramente, pero después será cara a cara. Ahora sólo conozco de una manera imperfecta, pero entonces conoceré a Dios como él me conoce a mí. Ahora tenemos estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor; pero el amor es la mayor de las tres. Palabra de Dios.


Evangelio

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (4, 21-30)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, después de que Jesús leyó en la sinagoga un pasaje del libro de Isaías, dijo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que ustedes acaban de oír”. Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban: “¿No es éste el hijo de José?” Jesús les dijo: “Seguramente me dirán aquel refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’ y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm”. Y añadió: “Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria”.
Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta un barranco del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de ahí.
Palabra del Señor.Gloria a ti, Señor Jesús.


http://www.lecturadeldia.com/Domingo.htm

miércoles, 24 de enero de 2007

Salir de las trincheras.

Salir de las trincheras
Hay que dar a conocer a los hombres que el Amor es hermoso, que la Bondad existe, que las lágrimas pueden ser consoladas.

Existe el peligro, en muchos católicos, de vivir a la defensiva, de esconderse en las trincheras para resistir cientos de ataques que llegan por todos lados.
¿Atacan al Papa? Hay que buscar argumentos para defenderlo. ¿Critican las “riquezas” del Vaticano? Hay que explicar que tales “presuntas riquezas” son patrimonio de la Iglesia y, en cierto modo, de la humanidad. ¿Se ríen de la moral sexual católica? Hay que estudiarla y refutar críticas a veces ridículas. ¿Nos acusan de fundamentalistas e intolerantes? Respondemos con ejemplos del pasado y del presente que muestran la profunda actitud de respeto hacia todos los hombres que nace de nuestra fe católica.
El cristianismo surgió en un ambiente hostil. Cristo mismo nos dijo que muchos nos odiarían, nos excluirían, nos atacarían. No es de extrañar, por tanto, que hoy, como en tantos momentos del pasado, haya numerosas personas e instituciones dedicadas, a veces con energías y medios desproporcionados, a atacar, marginar, incluso destruir la fe de los corazones, el respeto hacia la Iglesia, la pujanza de sus instituciones y obras de caridad.
Pero ese cristianismo, perseguido, arrinconado, despreciado, tomó, desde sus orígenes, una actitud claramente conquistadora. Se convirtió en un movimiento espiritual que no se limitó a unas fronteras estrechas, que no cerró las puertas a cal y canto para evitar las heridas de los posibles agresores, de los enemigos de la luz.
Al contrario, los primeros cristianos buscaron mil caminos para irradiar, entre quienes vivían a su lado, una experiencia, una fe, un amor, que da sentido a la existencia humana, que ilumina de esperanza la mirada de los corazones, que alivia las penas profundas y las heridas que la vida deja inexorablemente en nuestras vidas.
El cristiano no vive, por lo tanto, para defenderse. Estudiará, desde luego, su fe, su historia, su riqueza doctrinal. Sabrá reconocer también que ha habido errores y fallos en no pocos católicos durante los 2000 años de nuestra historia. Respetará la dignidad de los “adversarios”, a los que ofrecerá una respuesta justa y, más profundamente, una mano respetuosa y llena de afecto sincero.
Pero, de modo especial, tendrá la alegría y el arrojo de comunicar algo que ni el dinero, ni el poder, ni la belleza, ni la medicina, ni la ciencia, es capaz de dar: la verdad del Evangelio, la certeza de que Dios nos ama en Jesucristo.
El mundo necesita y pide, quizá sin saberlo, testigos de la bondad de Dios, mensajeros de una Buena noticia, heraldos de un Amor que arranca del Padre de los cielos y pone su tienda entre los hombres con la llegada del Hijo.
Hay que salir de las trincheras. No podemos guardar un tesoro que es para todo el mundo. Hay que poner la lámpara sobre el celemín, hay que dar a conocer a los hombres que el Amor es hermoso, que la Bondad existe, que las lágrimas pueden ser consoladas, que la muerte no es la última palabra de la historia humana.
Sabemos que el Sepulcro de Cristo está vacío. Percibimos su presencia continua, como Señor Resucitado, entre nosotros. Dar testimonio de su Cruz salvífica y victoriosa es una urgencia que todos debemos sentir en lo más profundo de nuestra identidad cristiana. Porque muchos hombres viven en tinieblas y sombras de muerte (cf. Lc 1,79). Porque muchos desean, profundamente, descubrir que son amados, reconocer que la salvación de Cristo también es para ellos.
(Autor: P. Fernando Pascual)
Fuente: www.catholic.net
http://es.catholic.net/meditaciondehoy/