martes, 30 de mayo de 2006

Retrato de una Madre


Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados; una mujer que, siendo joven tiene la reflexión de una anciana, y en la vejez, trabaja con el vigor de la juventud; la mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruida se acomoda a la simplicidad de los niños; una mujer que siendo rica, daría con gusto su tesoro para no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud; una mujer que siendo débil se reviste a veces con la bravura del león; una mujer que mientras vive no la sabemos estimar porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero que después de muerta, daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus latidos. De esa mujer no me exija el nombre si no quieres que empape de lágrimas vuestro álbum, porque yo la vi pasar en mi camino. Cuando crezcan vuestros hijos, léanles esta página, y ellos, cubriendo de besos vuestra frente, os dirán que un humilde viajero, en pago del suntuoso hospedaje recibido, ha dejado aquí para vosotros y para ellos, un boceto del Retrato de su madre.
(Monseñor Ramón Ángel Jara)

No llores si me amas...










No llores si me amas,
si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo.
Si pudieras oír el cántico de los ángeles,
y verme en medio de ellos.
Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos, los horizontes, los campos
y los nuevos senderos que atravieso.
Si por un instante pudieras contemplar como yo,
la belleza ante la cual las bellezas palidecen.
¿Tu me has visto, me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?
Créeme.
Cuando la muerte venga a romper las ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban,
cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,
y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a verme,
sentirás que te sigo amando, que te amé,
y encontrarás mi corazón con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz,
ya no esperando la muerte, sino avanzando conmigo,
que te llevaré de la mano por senderos nuevos de Luz y de Vida.
Enjuga tu llanto y no llores si me amas.

(San Agustín)

domingo, 21 de mayo de 2006

El "no" de los mandamientos...


El Papa afirma que el "no" de los mandamientos son "si" al crecimiento de la auténtica libertad
Vaticano, 19 Marzo 2006 (ACI).- Hoy por la mañana el Papa Benedicto XVI presidió la Celebración Eucarística para los trabajadores en la Basílica de San Pedro recordándoles que los “no” de los mandamientos son “si” al crecimiento de una auténtica libertad y que estos son testimonio del amor de Dios por los hombres.
Al iniciar su homilía el Pontífice hizo referencia a la primera lectura, concretamente a los mandamientos, afirmando que estos “son el medio que el Señor nos dona para defender nuestra libertad, tanto de los condicionamientos internos de las pasiones como de los abusos externos de los malintencionados”.
Seguidamente explicó que “los ‘no’ de los mandamientos son ‘si’ al crecimiento de una auténtica libertad” y que “el Decálogo es un testimonio del amor de predilección” de Dios por el ser humano.
Asimismo, afirmado que “Cristo ha revelado la sabiduría y el amor de Dios mediante el misterio de la Cruz”, recordó que “la dolorosa y escandalosa muerte de Cristo sería coronada por el triunfo de la gloriosa resurrección”.
El Santo Padre hizo también referencia al trabajo, recordando que este “reviste primaria importancia para la realización del hombre y para el desarrollo de la sociedad, y para esto es necesario que este sea siempre organizado y desarrollado en el pleno respeto de la humana dignidad y al servicio del bien común”.
“Al mismo tiempo
- continuó- es indispensable que el hombre no se deje someter por el trabajo, que no lo idolatre, pretendiendo encontrar en este el sentido último y definitivo de la vida”.
Y en este contexto hizo referencia al día de descanso, afirmando que “el reposo abre la perspectiva de una libertad más plena, aquella del sábado eterno. El reposo conciente a los hombres recordar y de revivir las obras de Dios, desde la Creación a la Redención, de reconocerse ellos mismos como obra Suya, de dar gracias por la propia vida y de la propia subsistencia a Él, que es el Autor”.
Finalmente dijo: “es necesario vivir una espiritualidad que ayude a los creyentes a santificarse a través del propio trabajo, imitando a san José, que cada día ha debido proveer a las necesidades de la Santa Familia con sus manos”.

Hacer Su Voluntad...


¿Por qué si Dios nos hizo libres nos obliga a hacer su Voluntad?
Comencemos por decir que Dios no nos obliga a hacer su Voluntad. Dios desea que hagamos su Voluntad, pues en su Voluntad está nuestra salvación, nuestra eterna felicidad. Y, por el contrario, en nuestra voluntad, cuando la misma no está guiada por la Voluntad de Dios, está nuestra condenación. Entonces, como Dios sabe qué es lo que nos conviene, nos va guiando -en libertad- hacia el conocimiento de su Voluntad, pues su deseo es que todos nos salvemos para disfrutar de la felicidad plena y eterna, para la cual nos creó.
Dios nos hizo libres. Somos libres. Somos responsables de nuestros actos. Eso sí, nos dio ese poder de decisión para que libremente podamos escogerlo a El y llegar así a la plena y total felicidad en El, para toda la eternidad. (cf. CIC #1730 Y 1743)
Pero ... ¿qué es la libertad? Es el poder de actuar o de no actuar, de hacer una cosa u otra; es el poder de escoger entre opciones y de realizar acciones que nosotros mismos decidimos. La libertad es un regalo grande que Dios nos ha dado, rasgo importantísmo de lo que llamamos “dignidad humana”. Y ese regalo de Dios lo usamos bien cuando nos sirve para llegar a Dios, Quien es nuestro fin último, el propósito para el cual fuimos creados. (cf. CIC #1731)
La libertad, por supuesto, nos permite hacer el bien o hacer el mal. Los seres humanos somos libres de escoger a Dios o de rechazarlo. Pero Dios quiso que sus creaturas lo escogiéramos a El en libertad, no por la fuerza. El no nos obliga a escogerlo a El. Quiere que lo hagamos libremente.
Se trata de amar, de amar a Dios sobre todas las cosas; es decir, de escogerlo a El antes de cualquier otra persona o cosa. Y si de amor se trata, ¿cómo puede obligarse a alguien a amar? Justamente para amar tenemos que ser libres. El amor implica poder escoger a quien se ame. El amor no puede lograrse por la fuerza. Dios, entonces, no nos obliga a amarlo. Desea que lo hagamos libremente.
Cuando nos dejamos guiar por nosotros mismos, y no por el Espíritu, vemos la libertad como un derecho a usar desordenadamente las cosas que Dios ha puesto para nuestro servicio. Surge entonces el conflicto sobre si tenemos libertad o no. En cambio, cuando nos dejamos guiar por el Espíritu, la libertad la reconocemos como un regalo, como ese agradable “dejarnos llevar”, para ir buscando a Dios. Es así como, en cuanto el ser humano reconoce la supremacía del Espíritu sobre el yo, el conflicto cesa, pues usa entonces la libertad para buscar a Dios y no para buscar la propia satisfacción. La libertad, así entendida, se convierte en el hilo conductor que nos va llevando hacia Dios.
En resumen: Dios nos comunica su gracia para que podamos, libremente, escoger su Voluntad, que es nuestra verdadera felicidad. Y “como lo atestigua la experiencia cristiana, especialmente en la oración”, a medida que nos dejamos guiar cada vez más por el Espíritu, crece en nosotros la libertad y la verdadera felicidad (cf. CIC # 1742).
A medida que el hombre va practicando el bien y rechazando el mal, va encontrando el verdadero sentido de la libertad, como camino a la verdadera felicidad.
www.homilia.org

miércoles, 17 de mayo de 2006

¿Qué es el pecado?...


El pecado
La voz de la conciencia a veces nos dice lo que está bien o mal de nuestros actos, pero no siempre comprendemos qué es exactamente el pecado y por qué ofende a Dios.
Entender el pecado es comprender nuestra conducta humana, y su relación con Dios; una conducta que puede contravenir a su voluntad y a sus mandamientos.
En nuestra sociedad actual se tiende a ver todo como algo relativo, y que nuestros actos no tienen consecuencias. El primer efecto es una grave (muy grave) constancia en la ofensa a Dios, y ha sido tan difundido este efecto, que actualmente nuestra sociedad humana comienza a plagarse de problemas como la deshonestidad, la mentira, la deslealtad y en casos muy graves la perversión misma comienza a verse como algo "normal".
Comprender qué es el pecado es importante porque nos puede hacer comprender mejor nuestra relación con Dios y los efectos de nuestras acciones.
Ser católicos cabales significa comprender lo bueno y malo de nuestros actos. Los católicos debemos saber en qué creemos y por qué lo creemos. Este documento y los demás que integran este informe especial dará a todos una perspectiva clara de qué es el pecado y por qué hay que evitarlo.
Pero comencemos por definirlo:
El pecado dice San Agustín, es "toda palabra, acto o deseo contra la ley de Dios" (cfr. Contra Faustum I, 22 c. 27: PL 42, 418). O bien, según la definición clásica, pecado es:
a) la transgresión: es decir violación o desobediencia;
b) voluntaria: porque se trata no sólo de un acto puramente material, sino de una acción formal, advertida y consentida;
c) de la ley divina: o sea, de cualquier ley obligatoria, ya que todas reciben su fuerza de la ley eterna.
En realidad siempre la causa universal de todo pecado es el egoísmo o amor desordenado de sí mismo (cfr. S. Th., I-II, q. 84, a. 2).
Amar a alguien es desearle algún bien, pero por el pecado desea el hombre para sí mismo, desordenadamente, un bien sensible incompatible con el bien racional.
Que el amor desordenado a sí mismo y a las cosas materiales es la raíz de todo pecado queda frecuentemente de manifiesto en la Sagrada Escritura (cfr. Prov. 1, 19; Eclo. 10, 9; Jue. 5, 10; 10, 4; I Sam. 25, 20; II Sam. 17, 23; I Re. 2, 40; Mt. 10, 25; etc.).
Junto a la causa universal de todo pecado, podemos distinguir otras, tanto internas como externas:
Las causas internas son las heridas que el pecado original dejó en la naturaleza humana:
1) la herida en el entendimiento: la ignorancia que nos hace desconocer la ley moral y su importancia;
2) la herida en el apetito concupiscible: la concupiscencia o rebelión de nuestra parte más baja, la carne, contra el espíritu;
3) la herida en el apetito irascible: la debilidad o dificultad en alcanzar el bien arduo, que sucumbe ante la fuerza de la tentación y es aumentada por los malos hábitos;
4) la herida en la voluntad: la malicia que busca intencionadamente el pecado, o se deja llevar por él sin oponer resistencia.
Las causas externas son:
1) el demonio, cuyo oficio propio es tentar o atraer a los hombres al mal induciéndolos a pecar. "Sed sobrios y estad en vela, porque vuestro enemigo el diablo anda girando como león rugiente alrededor de vosotros en busca de presa que devorar" (I Pe. 5, 8; cfr. también Sant. 4, 7);
2) las criaturas que, por el desorden que dejó en el alma el pecado original, en vez de conducirnos a Dios en ocasiones nos alejan de El. Pueden ser causa del pecado ya sea como ocasión de escándalo (ver 7.3.3.d), bien cooperando al mal del prójimo (ver 7.3.3.e).

El doble elemento de todo pecado
- El alejamiento de Dios
Es su elemento formal y, propiamente hablando, no se da sino en el pecado mortal, que es el único en el que se realiza en toda su integridad la noción de pecado.Al transgredir el precepto divino, el pecador percibe que se separa de Dios y, sin embargo, realiza la acción pecaminosa. No importa que no tenga la intención directa de ofender a Dios, pues basta que el pecador se de cuenta de que su acción es incompatible con la amistad divina y, a pesar de ello, la realice voluntariamente, incluso con pena y disgusto de ofender a Dios.
- La conversión a las criaturas
Como se deduce de lo ya dicho, en todo pecado hay también el goce ilícito de un ser creado, contra la ley o mandato de Dios. Casi siempre es esto precisamente lo que busca el hombre al pecar, más que pretender directamente ofender a Dios: deslumbrado por la momentánea felicidad que le ofrece el pecado, lo toma como un verdadero bien, como algo que le conviene, sin admitir que se trata sólo de un bien aparente que, apenas gustado, dejar en su alma la amargura del remordimiento y de la decepción.

http://www.encuentra.com
http://130.94.75.135/seccion.php?f_doc=71&f_tipo_doc=6

martes, 16 de mayo de 2006

Oración... (II)


La Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva;
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Amén

lunes, 15 de mayo de 2006

Oración...


GLORIA
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por Tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso
Señor, Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;
porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.

La demora de Dios...


La demora de Dios no es una negativa.
Dios responde todas las oraciones, aunque no siempre de la manera esperada.
Nosotros pensamos en el presente; Dios nos prepara para la eternidad. Preparó por miles de años la venida de su Hijo.
Te hará esperar lo necesario para alcanzar los mejores resultados.
Contempla como Dios actúa lentamente en la creación. No se puede apurar a Dios. La espera es para nuestro bien. Aun lo bueno puede hacer daño si se alcanza prematuramente.
A veces Dios demora la respuesta a una oración hasta que hayas aprendido algo que Él quiera enseñarte.
A veces espera hasta que se produzcan las condiciones propicias para el resultado que quiere lograr. Como en el caso de aquel ciego de nacimiento. Tuvo que ser ciego toda su vida para que todos lo supieran, y así, al llegar cierto día Jesús y sanarlo milagrosamente, Dios fuese glorificado (véase Juan 9).
En ciertos casos, tal vez transcurran años hasta que sepas por qué Dios no respondió del modo que esperabas, o cuando se lo pediste.
¡pero el día llegará, y sabrás que Dios actuó acertadamente!
¡Espera en el Señor!
¡La oscuridad más densa es antes del amanecer, y la mayor desesperación ocurre justo antes de la Salvación!¡La más profunda desesperanza ataca justo antes de ser rescatado!
Por eso, no dudes ni por un instante de que Dios te contestará.
¡Ya verás que lo hace!
¡Confía en Él y dale gracias por la respuesta, aunque no la veas de inmediato!
¡Después te alegrarás de haber confiado en Él!
La vida te parece larga pero no es sino un suspiro antes de la eternidad.
(*)

domingo, 14 de mayo de 2006

Versos de juventud...


El vuelo del pelícano

Si existiera un alma así,
que brotase a los pies de quienes sufren, que tomase el cáliz y fuese a apagar la sed de aquellos que anhelan el pan y la sangre del Señor.
Si existiera un alma así,
que brotase a los pies de quienes sufren en los negros crucifijos de los martirios con la llama de la vela,
un alma así que confesara el dolor del mundo, que cargase con el peso de la desgracia
y alargase la mano hacia el amor de las manos crucificadas.

Karol Wojtyla
(S.S. Juan Pablo II)

13 de Mayo


Oración:
¡Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo!
¡Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman!.

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido.
Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.

jueves, 11 de mayo de 2006

Huellas en la arena...


Una noche tuve un sueño...
soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.
Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.
Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.
Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida.
Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor:
"Señor, Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tu me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".
Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó:
"Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles.
Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".

http://www.devocionario.com/textos/c_huellas.html

martes, 9 de mayo de 2006

Ante la Santa Faz...


Icono del sufrimiento, imagen del amor de Dios...

(...) «Lo que cuenta por encima de todo para el creyente es que la Sábana Santa es un espejo del Evangelio.
En efecto, si se reflexiona sobre este Lienzo Sagrado, no puede uno impedir el considerar que la imagen que está ahí reproducida tiene una relación muy profunda con lo que los Evangelios cuentan de la Pasión y de la Muerte de Jesús y que todo hombre sensible llega a sentirse interiormente conmovido y emocionado al contemplarlo.
La Sábana Santa constituye, por tanto, un signo verdaderamente singular que remite a Jesús, la Palabra verdadera del Padre e invita a modelar la propia existencia sobre la de Aquel que ha dado la suya por nosotros. En el Sudario, se refleja la imagen del sufrimiento humano. Recuerda, al hombre moderno, frecuentemente distraído por el bienestar y las conquistas tecnológicas, el drama de tantos hermanos y le invita a interrogarse sobre el misterio del sufrimiento para profundizar en sus causas.
Las huellas del cuerpo atormentado del Crucificado, dan testimonio de la terrible capacidad del hombre para procurar el sufrimiento y la muerte de sus semejantes, se impone como imagen del sufrimiento del inocente de todos los tiempos: innumerables tragedias que han marcado la historia pasada y los dramas que continúan en el mundo (...) Al evocar estas dramáticas situaciones, la Sábana Santa no solamente nos empuja a salir de nuestro egoísmo, sino que nos lleva a descubrir el misterio del sufrimiento que, santificado por el Sacrificio de Cristo, engendra la salvación para toda la humanidad.
El Santo Sudario, además de una imagen del pecado del hombre, es una imagen del amor de Dios. Nos invita a redescubrir la causa última de la muerte redentora de Jesús. En el inconmensurable sufrimiento que testimonia, el amor del que tanto ha amado al mundo hasta el punto de darle a su Hijo único (Jn. 3, 16), hace «quasi» palpable y manifiesta sus sorprendentes dimensiones. Ante él, los creyentes no pueden dejar de exclamar con toda verdad: «Señor, Tú no podías amarme más», y darse cuenta al momento que la responsabilidad de este sufrimiento incumbe al pecado, a los pecados de cada ser humano( ...).
Cada uno enmudece ante el pensamiento de que ni siquiera el Hijo de Dios ha podido resistir a la fuerza de la muerte, pero todos nos hemos emocionado ante el pensamiento de que Él ha participado de tal manera en nuestra condición humana que ha querido someterse a la impotencia total del momento en que la vida se apaga. El Santo Sudario es una imagen del silencio. Hay un silencio trágico de la incomunicabilidad que tiene en la muerte su mayor expresión y hay el silencio de la fecundidad que es el propio de aquél que renuncia a hacerse oír en el exterior para integrarse en las profundas raíces de la verdad y de la vida.
El Santo Sudario expresa, no solamente el silencio de la muerte, sino también, el silencio valeroso y fecundo del desprecio de lo efímero, gracias a la inmersión total en el eterno presente de Dios. De esta manera nos ofrece la confirmación emotiva del hecho de que el todopoderoso poder misericordioso de nuestro Dios, no se ha detenido ante ninguna fuerza del mal, sino que por el contrario, sabe hacer concurrir para bien a la misma fuerza del mal(...)»

(Extracto de la meditación de Juan Pablo II ante la Sábana Santa de Turín , el 24 de mayo de 1998)

sábado, 6 de mayo de 2006

Sobre la humildad...


Soberbia.- Uno de los siete pecados capitales. Consiste en una estima de sí mismo, o amor propio indebido, que busca la atención y el honor y se pone uno en antagonismo con Dios (CIC 1866)
Humildad.-Etim.: del latín humilitas, abajarse; de humus (tierra).
La virtud moral por la que el hombre reconoce que de si mismo solo tiene la nada y el pecado. Todo es un don de Dios de quien todos dependemos y a quien se debe toda la gloria. El hombre humilde no aspira a la grandeza personal que el mundo admira porque ha descubierto que ser hijo de Dios es un valor muy superior. Va tras otros tesoros. No está en competencia. Se ve a sí mismo y al prójimo ante Dios. Es así libre para estimar y dedicarse al amor y al servicio sin desviarse en juicios que no le pertenecen.
La humildad no solo se opone al orgullo sino también a la auto abyección (auto humillación) en la que se dejaría de reconocer los dones de Dios y la responsabilidad de ejercitarlos según su voluntad.
"La humildad es la verdad" - (Santa Teresa de Avila).
El humilde ve las cosas como son, lo bueno como bueno, lo malo como malo. En la medida en que un hombre es más humilde crece una visión mas correcta de la realidad.
"El grado mas perfecto de humildad es complacerse en los menosprecios y humillaciones. Vale mas delante de Dios un menosprecio sufrido pacientemente por su amor, que mil ayunos y mil disciplinas." - (San Francisco de Sales)
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Humildad
(Tomado del Padre Enrique Cases y otros)
La humildad perfecta es Jesús. Jesús es la humildad encarnada. Perfecto en todas las virtudes, nos enseña en cada momento en cada palabra. Siendo Dios, vivió 30 de sus 33 años en vida oculta, ordinaria, tenido por uno de tantos. Lo extraordinario fue la perfección en que vivió lo ordinario. También sus 3 años de vida pública son perfecta humildad. En todo hacía, como siempre la voluntad de su Padre. Nunca busco llamar la atención sobre si mismo sino dar gloria al Padre. Al final murió en la Cruz. Nos dijo: "Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón".
Jesús repara el daño de Adán que es rebeldía ante Dios y de todo el orgullo posterior. Otros modos de llamar a este veneno: amor propio, egoísmo y soberbia.
Por el orgullo buscamos la superioridad ante los demás.La soberbia consiste en el desordenado amor de la propia excelencia. -Santo Tomás. La soberbia es la afirmación aberrante del propio yo. El hombre humilde, cuando localiza algo malo en su vida puede corregirlo, aunque le duela. El soberbio al no aceptar , o no ver, ese defecto no puede corregirlo, y se queda con él. El soberbio no se conoce o se conoce mal.
Los grados de la humildad:1- conocerse, 2- aceptarse, 3- olvido de si, 4- darse.
1- Conocerse. Primer paso: conocer la verdad de uno mismo.Ya los griegos antiguos ponían como una gran meta el aforismo: "Conócete a ti mismo". La Biblia dice a este respecto que es necesaria la humildad para ser sabios: Donde hay humildad hay sabiduría . Sin humildad no hay conocimiento de sí mismo y, por tanto, falta la sabiduría.
Es difícil conocerse. La soberbia, que siempre está presente dentro del hombre, ensombrece la conciencia, embellece los defectos propios, busca justificaciones a los fallos y a los pecados. No es infrecuente que, ante un hecho, claramente malo, el orgullo se niegue a aceptar que aquella acción haya sido real, y se llega a pensar: "no puedo haberlo hecho", o bien "no es malo lo que hice", o incluso "la culpa es de los demás".
Para superar: examen de conciencia honesto. Para ello: primero pedir luz al Espíritu Santo, y después mirar ordenadamente los hechos vividos, los hábitos o costumbres que se han enraizado más en la propia vida - pereza o laboriosidad, sensualidad o sobriedad, envidia...
2- Aceptarse. Una vez se ha conseguido un conocimiento propio más o menos profundo viene el segundo escalón de la humildad: aceptar la propia realidad. Resulta difícil porque la soberbia se rebela cuando la realidad es fea o defectuosa.
Aceptarse no es lo mismo que resignarse. Si se acepta con humildad un defecto, error, limitación, o pecado, se sabe contra qué luchar y se hace posible la victoria. Ya no se camina a ciegas sino que se conoce al enemigo. Pero si no se acepta la realidad, ocurre como en el caso del enfermo que no quiere reconocer su enfermedad: no podrá curarse. Pero si se sabe que hay cura, se puede cooperar con los médicos para mejorar. Hay defectos que podemos superar y hay límites naturales que debemos saber aceptar.
Dentro de los hábitos o costumbres, a los buenos se les llama virtudes por la fuerza que dan a los buenos deseos; a los malos los llamamos vicios, e inclinan al mal con más o menos fuerza según la profundidad de sus raíces en el actuar humano. Es útil buscar el defecto dominante para poder evitar las peores inclinaciones con más eficacia. También conviene conocer las cualidades mejores que se poseen, no para envanecerse, sino para dar gracias a Dios, ser optimista y desarrollar las buenas tendencias y virtudes.
Es distinto un pecado, de un error o una limitación, y conviene distinguirlos. Un pecado es un acto libre contra la ley de Dios. Si es habitual se convierte en vicio, requiriendo su desarraigo, un tratamiento fuerte y constante. Para borrar un pecado basta con el arrepiento y el propósito de enmienda unidos a la absolución sacramental si es un pecado mortal y con acto de contrición si es venial. El vicio en cambio necesita mucha constancia en aplicar el remedio pues tiende a reproducir nuevos pecados.
Los errores son más fáciles de superar porque suelen ser involuntarios. Una vez descubiertos se pone el remedio y las cosas vuelven al cauce de la verdad. Si el defecto es una limitación, no es pecado, como no lo es ser poco inteligente o poco dotado para el arte. Pero sin humildad no se aceptan las propias limitaciones. El que no acepta las propias limitaciones se expone a hacer el ridículo, por ejemplo, hablando de lo que no sabe o alardeando de lo que no tiene.
Vive según tu conciencia o acabarás pensando como vives. Es decir, si tu vida no es fiel a tu propia conciencia, acabarás cegando tu conciencia con teorías justificadoras.
3- Olvido de sí. El orgullo y la soberbia llevan a que el pensamiento y la imaginación giren en torno al propio yo. Muy pocos llegan a este nivel. La mayoría de la gente vive pensando en si mismo, "dándole vuelta" a sus problemas. El pensar demasiado en uno mismo es compatible con saberse poca cosa, ya que el problema consiste en que se encuentra un cierto gusto incluso en la lamentación de los propios problemas. Parece imposible pero se puede dar un goce en estar tristes, pero no es por la tristeza misma sino por pensar en sí mismo, en llamar la atención.
El olvido de sí no es lo mismo que indiferencia ante los problemas. Se trata más bien de superar el pensar demasiado en uno mismo. En la medida en que se consigue el olvido de sí, se consigue también la paz y alegría. Es lógico que sea así, pues la mayoría de las preocupaciones provienen de conceder demasiada importancia a los problemas, tanto cuando son reales como cuando son imaginarios. El que consigue el olvido de sí está en el polo opuesto del egoísta, que continuamente esta pendiente de lo que le gusta o le disgusta. Se puede decir que ha conseguido un grado aceptable de humildad. El olvido de sí conduce a un santo abandono que consiste en una despreocupación responsable. Las cosas que ocurren -tristes o alegres- ya no preocupan, solo ocupan.
4 -Darse. Este es el grado más alto de la humildad, porque más que superar cosas malas se trata de vivir la caridad, es decir, vivir de amor. Si se han ido subiendo los escalones anteriores, ha mejorado el conocimiento propio, la aceptación de la realidad y la superación del yo como eje de todos los pensamientos e imaginaciones. Si se mata el egoísmo se puede vivir el amor, porque o el amor mata al egoísmo o el egoísmo mata al amor.
En este nivel la humildad y la caridad llevan una a la otra. Una persona humilde al librarse de las alucinaciones de la soberbia ya es capaz de querer a los demás por sí mismos, y no sólo por el provecho que pueda extraer del trato con ellos.
Cuando la humildad llega al nivel de darse se experimenta más alegría que cuando se busca el placer egoístamente. La única vez que se citan palabras de Nuestro Señor del Evangelio en los Hechos de los Apóstoles dice que se es mas feliz en dar que en recibir . La persona generosa experimenta una felicidad interior desconocida para el egoísta y el orgulloso.
La caridad es amor que recibimos de Dios y damos a Dios. Dios se convierte en el interlocutor de un diálogo diáfano y limpio que sería imposible para el orgulloso ya que no sabe querer y además no sabe dejarse querer. Al crecer la humildad la mirada es más clara y se advierte más en toda su riqueza la Bondad y la Belleza divinas.
Dios se deleita en los humildes y derrama en ellos sus gracias y dones con abundancia bien recibida. El humilde se convierte en la buena tierra que da fruto al recibir la semilla divina.
La falta de humildad se muestra en la susceptibilidad, quiere ser el centro de la atención en las conversaciones, le molesta en extremo que a otra la aprecien más que a ella, se siente desplazada si no la atienden. La falta de humildad hace hablar mucho por el gusto de oirse y que los demás le oigan, siempre tiene algo que decir, que corregir, Todo esto es creerse el centro del universo. La imaginación anda a mil por hora, evitan que su alma crezca.
"Que me conozca; que te conozca. Así jamás perderé de vista mi nada”. Solo así podré seguirte como Tú quieres y como yo quiero: con una fe grande, con un amor hondo, sin condición alguna.

http://www.corazones.org/diccionario/humildad.htm

miércoles, 3 de mayo de 2006

«No crucifiquéis de nuevo a Cristo»


En este instante solemne, nosotros, los Padres del XXI Concilio Ecuménico de la Iglesia católica, a punto ya de dispersarnos después de cuatro años de plegarias y trabajos, con plena conciencia de nuestra misión hacia la humanidad, nos dirigimos, con deferencia y confianza, a aquellos que tienen en sus manos los destinos de los hombres sobre esta tierra, a todos los depositarios del poder temporal.
Lo proclamamos en alto: honramos vuestra autoridad y vuestra soberanía, respetamos vuestras funciones, reconocemos vuestras leyes justas, estimamos los que las hacen y a los que las aplican.
Pero tenemos una palabra sacrosanta y deciros: sólo Dios es grande.
Sólo Dios es el principio y el fin.
Sólo Dios es la fuente de vuestra autoridad y el fundamento de vuestras leyes.
A vosotros corresponde ser sobre la tierra los promotores del orden y de la paz entre los hombres. Pero no lo olvidéis: es Dios, el Dios vivo y verdadero, el que es Padre de los hombres, y es Cristo, su Hijo eterno, quien ha venido a decírnoslo y a enseñarnos que todos somos hermanos. El es el gran artesano del orden y la paz sobre la tierra, porque es El quien conduce la historia humana y el único que puede inclinar los corazones a renunciar a las malas pasiones que engendran la guerra y la desgracia.
Es El quien bendice el pan de la humanidad, el que santifica su trabajo y su sufrimiento, el que le da gozos que vosotros no le podéis dar, y la reconforta en sus dolores, que vosotros no podéis consolar.
En vuestra ciudad terrestre y temporal construye su cuidado espiritual y eterna: su Iglesia. ¿Y qué pide ella de vosotros, esa Iglesia, después de casi dos mil años de vicisitudes de todas clases en sus relaciones con vosotros, las potencias de la tierra, qué os pide hoy? Os lo dice en uno de los textos de mayor importancia de su Concilio; no os pide más que la libertad.
La libertad de creer y de predicar su fe.
La libertad de amar a su Dios y servirlo.
La libertad de vivir y de llevar a los hombres su mensaje de vida.
No le temáis: es la imagen de su Maestro, cuya acción misteriosa no usurpa vuestras prerrogativas, pero que salva todo lo humano de su fatal caducidad, lo transfigura, lo llena de esperanza, de verdad, de belleza.
Dejad que Cristo ejerza esa acción purificante sobre la sociedad. No lo crucifiquéis de nuevo; esto sería sacrilegio, porque es Hijo de Dios; sería un suicidio, porque es Hijo del hombre. Y a nosotros, sus humildes ministros, dejadnos extender por todas partes sin trabas la buena nueva del Evangelio de la paz, que hemos editado en este Concilio. Vuestros pueblos serán los primeros beneficiados porque la Iglesia forma para vosotros ciudadanos leales, amigos de la paz social y del progreso.
En este día solemne en que clausura su XXI Concilio Ecuménico, la Iglesia os ofrece por nuestra voz su amistad, sus servicios, sus energías espirituales y morales. Os dirige a vosotros, todos, un mensaje de saludo y de bendición. Acogedlo como ella os lo ofrece, con un corazón alegre y sincero, y transmitirlo a todos vuestros pueblos.

CLAUSURA DEL CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II MENSAJE A LOS GOBERNANTES (S.S.PABLO VI Miércoles 8 de diciembre de 1965)

lunes, 1 de mayo de 2006

¿Por qué pertenezco a la Iglesia?...


Podemos pensar en la iglesia católica comparándola con la luna: por la relación luna-mujer (madre) y por el hecho de que la luna no tiene luz propia, sino que la recibe del sol sin el cual sería oscuridad completa.
La luna resplandece, pero su luz no es suya sino de otro. La sonda lunar y los astronautas descubrieron que la luna es solo una estepa rocosa y desértica, como montañas y arena, vieron una realidad distinta a la de la antigüedad: no como luz.
Y efectivamente la luna es en sí y por sí misma lo desierto, arena y rocas.
Sin embargo, es también luz y como tal permanece incluso en la época de los vuelos espaciales.
¿No es ésta una imagen exacta de la Iglesia? Quien la explora y la excava con la sonda, como la luna, descubrirá solamente desierto, arena y piedras, las debilidades del hombre y su historia a través del polvo, los desiertos y las montañas.
El hecho decisivo es que ella, aunque es solamente arena y rocas, es también luz en virtud de otro, del Señor.
Yo estoy en la Iglesia porque creo que hoy como ayer e independientemente de nosotros, detrás de nuestra Iglesia vive Su Iglesia y no puedo estar cerca de Él si no es permaneciendo en Su Iglesia.
Yo estoy en la Iglesia porque a pesar de todo creo que no es en el fondo nuestra sino Suya. La Iglesia es la que, no obstante todas las debilidades humanas existentes en ella, nos da a Jesucristo; solamente por medio de ella puedo yo recibirlo como una realidad viva y poderosa, aquí y ahora. Sin la Iglesia, Cristo se evapora, se desmenuza, se anula. Y qué sería la humanidad privada de Cristo?
Si yo estoy en la Iglesia es por las mismas razones porque soy cristiano. No se puede creer en solitario. La fe es posible en comunión con otros creyentes. La fe por su misma naturaleza es fuerza que une. Esta fe o es eclesial o no es tal fe. Además así como no se puede creer en solitario, sino sólo en comunión con otros, tampoco se puede tener fe por iniciativa propia o invención.
Yo permanezco en la Iglesia porque creo que la fe, realizable solamente en ella y nunca contra ella, es una verdadera necesidad para el hombre y para el mundo.
Yo permanezco en la Iglesia porque solamente la fe de la iglesia salva al hombre. El gran ideal de nuestra generación es uno, sociedad libre de la tiranía, del dolor y de la injusticia. En este mundo el dolor no se deriva sólo de la desigualdad en las riquezas y en el poder. Se nos quiere hacer creer que se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí, sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación, que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados, ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión de lo que se debería ser y lo que efectivamente se es. En realidad el hombre no es salvado sino a través de la cruz y la aceptación de los propios sufrimientos y de los sufrimientos del mundo, que encuentran su sentido liberador en la pasión de Dios. Solamente así el hombre llegará a ser libre. Todas las demás ofertas a mejor precio están destinadas al fracaso. El amor no es estético ni carente de crítica. La única posibilidad que tenemos de cambiar en sentido positivo a un hombre es la de amarlo, trasformándolo lentamente de lo que es en lo que puede ser. ¿Sucedería de distinto modo en la Iglesia?

(Joseph Ratzinger)(de Conferencia-Testimonio, Alemania (1971))
http://www.interrogantes.net/includes/seccion.php?IdSec=147