jueves, 17 de septiembre de 2009

La ignorancia de los que no se convierten...

Miércoles de la Vigésimocuarta semana del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Lucas 7,31-35.

"¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación?

¿A quién se parecen?
Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos:
'¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron!
¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'.
Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'.
Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: '¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!'.
Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos".

(Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.)



La ignorancia de los que no se convierten

El apóstol Pablo dice: «Hay entre vosotros quienes desconocen a Dios» (1Co 15,34). Yo digo que están en esta ignorancia todos los que no quieren convertirse a Dios. Porque rechazan la conversión por la única razón que se imaginan es severo y solemne este Dios que no es más que suavidad; imaginan que es duro e implacable aquel que es todo él misericordia; creen que es violento y terrible aquel que sólo desea nuestra adoración. Así el impío se miente a sí mismo fabricándose un ídolo en lugar de conocer a Dios tal como es.

¿Qué es lo que teme esta gente faltada de fe?

¿Qué Dios no va a perdonar sus pecados?
Pero si con sus propias manos los clavó en la cruz.
¿Qué temen pues?
¿Ser ellos mismos débiles y vulnerables?
Pero si él conoce bien el barro del cual somos hechos.
¿De qué, pues, tienen todavía miedo?
¿Estar demasiado acostumbrados al mal para poder deshacer las cadenas de la costumbre?
Pero el Señor liberta a los cautivos (Sl 145,7).
¿Temen que Dios irritado por la inmensidad de sus faltas dude en tenderles una mano que los socorra?
Pero, donde abunda el pecado, la gracia es más abundante (Rm 5,20).
¿O quizás es que la preocupación por sus vestidos, el alimento u otras necesidades para vivir, les priva de dejar sus bienes?
Pero Dios sabe que tenemos necesidad de todo ello (Mt 6,32).
¿Qué más quieren?
¿Qué es lo que obstaculiza su salvación?
Es que desconocen a Dios y no creen a nuestras palabras.
Que se fíen de la experiencia de otros.

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón 38 sobre el Cantar de los Cantares


http://www.evangeliodeldia.org/main.php?language=SP
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miércoles, 24 de junio de 2009

Cuando los cristianos no van a Misa


Muchos de los jóvenes que se dicen cristianos no van a Misa. Ni siquiera los que van a clase de religión o asisten a la catequesis. Entre los 18 y los 25 años, ¿estamos seguros de que más de un 10% va a Misa asiduamente?. Y los que van tienen que soportar frecuentemente las burlas de sus compañeros. Hoy entre los jóvenes, ser religioso es algo así como estar mal de la cabeza. Se puede creer en los astros, en los adivinos, en la magia blanca o negra. Pero creer en Dios y en Jesucristo levanta sospechas. La superstición está mejor vista que la verdadera religión. También un considerable número de cristianos adultos no van a Misa. Es duro pero es verdad.

Los sacerdotes, los educadores y los padres y madres de familia cristianos no podemos considerar este hecho como irreversible. Hemos de examinar seriamente este fenómeno y tratar de cambiar la tendencia. La participación en la eucaristía es el ejercicio primordial de la fe cristiana. La Misa "no da igual”, no vale ir sólo “cuando nos apetece”. Ni vale tampoco refugiarse en aquello de “a mí no me dice nada” o “los que van a Misa muchas veces son peores que los demás". Todo esto huele demasiado a subjetivismo, a excusas y a un menosprecio real de la Eucaristía.

La reacción no puede consistir en insistir más en las antiguas consideraciones. Si no hay verdaderos convencimientos y una auténtica valoración personal de la Misa no vamos a conseguir nada. Hoy los mecanismos de la mera imposición, del castigo o del temor no funcionan. Tenemos que despertar en los cristianos jóvenes una estima y valoración personal de la Eucaristía como una necesidad para la propia vida. ¿Cómo? Esa es la cuestión.

Primero y principal, desarrollando en nosotros esa misma estima y valoración. Si los jóvenes ven que sus padres no van a Misa, si ven que algunos cristianos adultos comprometidos tampoco van, y todo esto ocurre con el silencio resignado de los sacerdotes, es lógico que saquen la conclusión de que se trata de algo poco importante. Primero de todo: dar buen ejemplo, sentir, vivir, sacudir la pereza y el respeto humano. ¿Y después?

Junto con el testimonio de las personas cercanas y valoradas, los jóvenes necesitan una buena presentación de los valores fundamentales de la Eucaristía. Unas buenas catequesis, atractivas, inteligibles y personalmente asimiladas harán surgir y crecer la estima y la valoración de la Eucaristía. Con tiempo, de manera muy personal.

La estima de la Eucaristía tiene que apoyarse en unas ideas claras y en unas experiencias vividas. Podemos decir que la Eucaristía es la asamblea festiva de la comunidad cristiana, pero si los jóvenes nos ven serios y aburridos, no volverán a celebrarla. Si la Palabra de Dios no se proclama convenientemente y las homilías son largas y aburridas, no lograremos convencerles de que en la Escritura podemos encontrar luz, apoyo y estímulo para nuestra vida. Si no participamos en el banquete eucarístico o comulgamos de cualquier manera, sin la debida preparación, ¿cómo convenceremos de que la Eucaristía es el alimento de la vida diaria del cristiano. Si al salir de la Misa no nos comprometemos en el trabajo por la fraternidad y la justicia entre los hombres, ¿cómo podrán entender que la Eucaristía nos transforma por dentro y nos capacita para cambiar el mundo en que vivimos?

Junto con unas buenas catequesis, en la parroquia, en el colegio y en la propia familia, es importante hacer algunas celebraciones en plan catequético, explicando cada día una cosa. Se pueden intercalar explicaciones de dos o tres minutos al comienzo, antes del momento penitencial, antes o después de las lecturas, en el momento del ofertorio, al comenzar la Plegaria eucarística, al final de la misma, antes o después de la Comunión. Hay que ayudar a los jóvenes a vivir la Misa por dentro, a entrar en ella con la fe y con el corazón, a rezarla y gustarla personalmente.

La Misa de los domingos tiene que ser una Misa de la comunidad, con asistencia y participación espiritual de las familias cristianas enteras. Y de todos los grupos o comunidades de la parroquia. Pero entre semana se pueden celebrar Misas explicadas y compartidas con pequeños grupos homogéneos, con los chicos de la catequesis, con los de los diferentes cursos de los colegios, con un grupo de familias o de jubilados. Todo, menos la inercia y la falsa resignación.
Quiero animaros a todos a hacer este esfuerzo de renovación. Un cristiano que no vive habitualmente la Eucaristía es un cristiano desnutrido, raquítico, condenado a la esterilidad espiritual y a la deserción eclesial y religiosa. Una comunidad cristiana donde muchos de sus miembros prescinden habitualmente de la Eucaristía, es una comunidad empobrecida, sin aliento espiritual y predispuesta para ser colonizada por las ideas y las costumbres de la indiferencia religiosa y del desconcierto moral.
En cambio la Misa, bien celebrada, es un gozo inmenso. Hay muchos cristianos que no saben lo que se pierden.

Manuel Sánchez Monge
Obispo Mondoñedo-Ferrol

http://www.mondonedoferrol.org/obispo/documentos.htm

domingo, 24 de mayo de 2009

Novena al Espíritu Santo



ACTO DE CONSAGRACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
De rodillas frente a la gran multitud de testigos celestiales me ofrezco, en alma y cuerpo, a Ti, Eterno Espíritu de Dios. Adoro la brillantez de tu Pureza, la inequívoca precisión de tu Justicia, y el poder de tu Amor. Tú eres la Fuerza y la Luz de mi alma. En Ti yo vivo, me muevo y soy. Deseo no contristarte nunca por la infidelidad a la gracia, y ruego con todo mi corazón apartarme del mínimo pecado contra Ti. Misericordiosamente cuida de mi íntimo pensamiento y concédeme que pueda siempre observar tu Luz, escuchar tu Voz, y seguir las inspiraciones de tu gracia. Yo me aferro a Ti y me entrego a Ti y te pido, por tu Compasión, que me cuides en mi debilidad. Sosteniendo los pies traspasados de Jesús y viendo sus Cinco Llagas, y confiando en su Preciosa Sangre y adorando su Costado y su Corazón Abierto, te imploro, Adorable Espíritu, Ayuda de mi enfermedad, mantenme en tu gracia, que nunca peque contra Ti. ¡Dame la gracia, Oh Espíritu Santo, Espíritu del Padre y del Hijo, de decirte siempre que sí en todo tiempo y lugar. "¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!". Amén.


ORACIÓN POR LOS SIETE DONES DEL ESPÍRITU SANTO
Oh, Señor Jesucristo, que antes de ascender al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para completar tu obra en las almas de tus Apóstoles y discípulos, dígnate concederme el mismo Espíritu Santo para que Él perfeccione en mi alma la obra de tu gracia y de tu amor. Concédeme el Espíritu de Sabiduría para que pueda despreciar las cosas perecederas de este mundo y aspirar sólo a las cosas que son eternas, el Espíritu de Entendimiento para iluminar mi mente con la luz de tu divina verdad, el Espíritu de Consejo para que pueda siempre elegir el camino más seguro para agradar a Dios y ganar el Cielo, el Espíritu de Fortaleza para que pueda llevar mi cruz contigo y sobrellevar con coraje todos los obstáculos que se opongan a mi salvación, el Espíritu de Conocimiento para que pueda conocer a Dios y conocerme a mí mismo y crecer en la perfección de la ciencia de los santos, el Espíritu de Piedad para que pueda encontrar el servicio a Dios dulce y amable, y el Espíritu de Temor de Dios para que pueda estar lleno de reverencia amorosa hacia Dios y tema disgustarlo de cualquier modo. Márcame, amado Señor, con la señal de tus verdaderos discípulos y anímame en todas las cosas con tu Espíritu. Amén.

http://www.mensajerosdelareinadelapaz.org/novenaES.htm (Traducción de la versión en inglés presentada por EWTN.com)


viernes, 17 de abril de 2009

Cristo vive, el Amor es más fuerte que la muerte...


"Cristo vive, el amor es más fuerte que la muerte", dice el Papa Benedicto XVI.

-"Jesús no es un personaje del pasado sino que llama continuamente al hombre a seguirlo y a encontrar en Él el camino de la vida."

-"Él vive, y como viviente camina delante de nosotros; nos llama a seguirlo, al viviente, y a encontrar así también nosotros el camino de la vida."

-"En la Pascua nos alegramos porque Cristo no se ha quedado en el sepulcro, su cuerpo no ha visto la corrupción; pertenece al mundo de los vivientes, no a aquél de los muertos; nos alegramos porque Él es el Alfa y al mismo tiempo la Omega, existe por lo tanto no solo ayer, sino hoy y por toda la eternidad."

-"la resurrección de Cristo es la más grande mutación, el salto absolutamente más decisivo hacia una dimensión totalmente nueva, que en la larga historia de la vida y de sus desarrollos jamás se ha visto: un salto en un orden completamente nuevo, que tiene que ver con nosotros y concierne a toda la historia."

-"Él pudo dejarse matar por amor, pero justamente así destruyó el carácter definitivo de la muerte,porque en Él estaba presente el carácter definitivo de la vida."-"Su muerte fue un acto de amor."

-"La resurrección fue como un estallido de luz, una explosión del amor..."

sábado, 14 de febrero de 2009

Hoy le canto al Amor de los Amores...

Cantemos al Amor de los amores,
cantemos al Señor.
¡Dios está aquí!
Venid, adoradores;
adoremos a Cristo Redentor.

¡Gloria a Cristo Jesús!
Cielos y tierra, bendecid al Señor.
¡Honor y gloria a ti, Rey de la gloria;
amor por siempre a ti, Dios del amor!

¡Oh Luz de nuestras almas!
¡Oh Rey de las victorias!
¡Oh Vida de la vida
y Amor de todo amor!
¡A ti, Señor cantamos,
oh Dios de nuestras glorias;
tu nombre bendecimos,
oh Cristo Redentor!

¿Quién como tú, Dios nuestro?
Tú reinas y tu imperas;
aquí te siente el alma;
la falta te adora aquí.

¡Señor de los ejércitos, bendice tus banderas!
¡Amor de los que triunfan,condúcelos a ti!
Amén.

jueves, 29 de enero de 2009

¿Dónde están los profetas?


Desde luego que no es un oficio sencillo, pero no por eso han abandonado los profetas sus responsabilidades, no. Existe el profeta, el creyente que ha sido tocado por Dios, el que ha escuchado la voz imperiosa y determinante del Señor que le ha invitado a hablar. En la tradición bíblica, se dice de la persona que ha sido ungida, a quien Dios ha revestido de su autoridad para que comunique su voluntad a los hombres y los instruya; el que ha recibido la fuerza del Espíritu Santo, el coraje, la valentía de decir a todos, incluso en situaciones adversas, la Voluntad de Dios.
En la primera lectura de hoy veréis cómo el origen de la vocación profética está en Dios: El hace surgir un profeta como Moisés, de entre el pueblo, y expresamente dice que a quien no le escuche lo que diga, en el nombre del Señor, le pedirá cuentas. El profetismo no muere, su misión es siempre joven y nueva, porque nace del corazón misericordioso de Dios.
El texto del Evangelio es un ejemplo magnífico de la tarea profética.

Si os fijáis existen dos centros de interés: la figura de Jesús y los demás, pero el evangelista Marcos destaca que Jesús es la clave. Los demás, ante la predicación del Señor se admiran y ante los signos que hace se quedan estupefactos y en ambos casos se preguntan de dónde le viene esa autoridad a Jesús. Enseña mejor que los letrados, se le entiende mucho más que a ellos y, para colmo, hasta los espíritus inmundos les manda y le obedecen… No cabe duda que la persona del Señor ha despertado el interés de todos, bien por medio de la palabra, bien por los signos o por ambas cosas, el caso es que a partir de ahora le prestaran más atención.

¡Qué importante es la Palabra y qué admirables los frutos que da!

En este momento cabe preguntarse sobre la eficacia e intensidad de la tarea profética en esta
sociedad tan frágil, desesperanzada y desnortada. Todavía se oyen voces de algunos que añoran las grandes figuras de la historia de la Salvación y les gustaría verlas aquí y ahora, predicando por nuestras calles y plazas…

¿Dónde están los profetas?, se preguntan…

El tema es que si Dios sigue llamando sigue habiendo necesidad de profetas, pero si cada uno de los cristianos católicos, por la gracia del Bautismo, ha recibido también la condición de profeta, entonces, ¡tú también tienes responsabilidad profética!

Te diré lo que has de hacer con unas palabras del querido Papa, Juan Pablo II:
“¡Anunciad la Palabra con toda claridad, indiferentes al aplauso o al rechazo!
En definitiva no somos nosotros quienes promovemos el éxito o el fracaso del Evangelio, sino el Espíritu de Dios. Los creyentes y los no creyentes tienen derecho a escuchar inequívocamente el auténtico anuncio de la Iglesia.
Anunciad la Palabra con todo el amor del Buen Pastor, que se da, que se busca, que
comprende”

(Juan Pablo II, a los Obispos alemanes en 1980).

Comprenderás que no pueda decirte dónde debes comenzar tu tarea profética,
búscala tú mismo donde se haya oscurecido la fe,
donde se olviden de Dios…
y enciende allá la luz de la esperanza y vuelvan su rostro al Señor,
¿quizás es en tu propia casa?
¡Habla sin miedo, eres un profeta!
Dios te bendiga,

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín

Escrito por Ecclesia Digital
jueves, 29 de enero de 2009

http://www.revistaecclesia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=8219&Itemid=1
http://www.revistaecclesia.com

martes, 6 de enero de 2009

Ven, Señor Jesús...

¡Ven, Señor!
Ven a tu modo, del modo que tú sabes.
Ven donde hay injusticia y violencia.
Ven a los campos de refugiados,
en Darfur y en Kivu del norte,
en tantos lugares del mundo.
Ven donde domina la droga.
Ven también entre los ricos que te han olvidado,
que viven sólo para sí mismos.
Ven donde eres desconocido.
Ven a tu modo y renueva el mundo de hoy.
Ven también a nuestro corazón,
ven y renueva nuestra vida.
Ven a nuestro corazón para que nosotros mismos
podamos ser luz de Dios, presencia tuya.
En este sentido oramos con san Pablo:
¡Maranà, thà!
"¡Ven, Señor Jesús!",
y oramos para que Cristo esté realmente presente hoy
en nuestro mundo y lo renueve.
Benedicto XVI
Audiencia General
Miércoles 12 de noviembre de 2008