jueves, 17 de septiembre de 2009

La ignorancia de los que no se convierten...

Miércoles de la Vigésimocuarta semana del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Lucas 7,31-35.

"¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación?

¿A quién se parecen?
Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos:
'¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron!
¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'.
Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'.
Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: '¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!'.
Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos".

(Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.)



La ignorancia de los que no se convierten

El apóstol Pablo dice: «Hay entre vosotros quienes desconocen a Dios» (1Co 15,34). Yo digo que están en esta ignorancia todos los que no quieren convertirse a Dios. Porque rechazan la conversión por la única razón que se imaginan es severo y solemne este Dios que no es más que suavidad; imaginan que es duro e implacable aquel que es todo él misericordia; creen que es violento y terrible aquel que sólo desea nuestra adoración. Así el impío se miente a sí mismo fabricándose un ídolo en lugar de conocer a Dios tal como es.

¿Qué es lo que teme esta gente faltada de fe?

¿Qué Dios no va a perdonar sus pecados?
Pero si con sus propias manos los clavó en la cruz.
¿Qué temen pues?
¿Ser ellos mismos débiles y vulnerables?
Pero si él conoce bien el barro del cual somos hechos.
¿De qué, pues, tienen todavía miedo?
¿Estar demasiado acostumbrados al mal para poder deshacer las cadenas de la costumbre?
Pero el Señor liberta a los cautivos (Sl 145,7).
¿Temen que Dios irritado por la inmensidad de sus faltas dude en tenderles una mano que los socorra?
Pero, donde abunda el pecado, la gracia es más abundante (Rm 5,20).
¿O quizás es que la preocupación por sus vestidos, el alimento u otras necesidades para vivir, les priva de dejar sus bienes?
Pero Dios sabe que tenemos necesidad de todo ello (Mt 6,32).
¿Qué más quieren?
¿Qué es lo que obstaculiza su salvación?
Es que desconocen a Dios y no creen a nuestras palabras.
Que se fíen de la experiencia de otros.

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón 38 sobre el Cantar de los Cantares


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miércoles, 24 de junio de 2009

Cuando los cristianos no van a Misa


Muchos de los jóvenes que se dicen cristianos no van a Misa. Ni siquiera los que van a clase de religión o asisten a la catequesis. Entre los 18 y los 25 años, ¿estamos seguros de que más de un 10% va a Misa asiduamente?. Y los que van tienen que soportar frecuentemente las burlas de sus compañeros. Hoy entre los jóvenes, ser religioso es algo así como estar mal de la cabeza. Se puede creer en los astros, en los adivinos, en la magia blanca o negra. Pero creer en Dios y en Jesucristo levanta sospechas. La superstición está mejor vista que la verdadera religión. También un considerable número de cristianos adultos no van a Misa. Es duro pero es verdad.

Los sacerdotes, los educadores y los padres y madres de familia cristianos no podemos considerar este hecho como irreversible. Hemos de examinar seriamente este fenómeno y tratar de cambiar la tendencia. La participación en la eucaristía es el ejercicio primordial de la fe cristiana. La Misa "no da igual”, no vale ir sólo “cuando nos apetece”. Ni vale tampoco refugiarse en aquello de “a mí no me dice nada” o “los que van a Misa muchas veces son peores que los demás". Todo esto huele demasiado a subjetivismo, a excusas y a un menosprecio real de la Eucaristía.

La reacción no puede consistir en insistir más en las antiguas consideraciones. Si no hay verdaderos convencimientos y una auténtica valoración personal de la Misa no vamos a conseguir nada. Hoy los mecanismos de la mera imposición, del castigo o del temor no funcionan. Tenemos que despertar en los cristianos jóvenes una estima y valoración personal de la Eucaristía como una necesidad para la propia vida. ¿Cómo? Esa es la cuestión.

Primero y principal, desarrollando en nosotros esa misma estima y valoración. Si los jóvenes ven que sus padres no van a Misa, si ven que algunos cristianos adultos comprometidos tampoco van, y todo esto ocurre con el silencio resignado de los sacerdotes, es lógico que saquen la conclusión de que se trata de algo poco importante. Primero de todo: dar buen ejemplo, sentir, vivir, sacudir la pereza y el respeto humano. ¿Y después?

Junto con el testimonio de las personas cercanas y valoradas, los jóvenes necesitan una buena presentación de los valores fundamentales de la Eucaristía. Unas buenas catequesis, atractivas, inteligibles y personalmente asimiladas harán surgir y crecer la estima y la valoración de la Eucaristía. Con tiempo, de manera muy personal.

La estima de la Eucaristía tiene que apoyarse en unas ideas claras y en unas experiencias vividas. Podemos decir que la Eucaristía es la asamblea festiva de la comunidad cristiana, pero si los jóvenes nos ven serios y aburridos, no volverán a celebrarla. Si la Palabra de Dios no se proclama convenientemente y las homilías son largas y aburridas, no lograremos convencerles de que en la Escritura podemos encontrar luz, apoyo y estímulo para nuestra vida. Si no participamos en el banquete eucarístico o comulgamos de cualquier manera, sin la debida preparación, ¿cómo convenceremos de que la Eucaristía es el alimento de la vida diaria del cristiano. Si al salir de la Misa no nos comprometemos en el trabajo por la fraternidad y la justicia entre los hombres, ¿cómo podrán entender que la Eucaristía nos transforma por dentro y nos capacita para cambiar el mundo en que vivimos?

Junto con unas buenas catequesis, en la parroquia, en el colegio y en la propia familia, es importante hacer algunas celebraciones en plan catequético, explicando cada día una cosa. Se pueden intercalar explicaciones de dos o tres minutos al comienzo, antes del momento penitencial, antes o después de las lecturas, en el momento del ofertorio, al comenzar la Plegaria eucarística, al final de la misma, antes o después de la Comunión. Hay que ayudar a los jóvenes a vivir la Misa por dentro, a entrar en ella con la fe y con el corazón, a rezarla y gustarla personalmente.

La Misa de los domingos tiene que ser una Misa de la comunidad, con asistencia y participación espiritual de las familias cristianas enteras. Y de todos los grupos o comunidades de la parroquia. Pero entre semana se pueden celebrar Misas explicadas y compartidas con pequeños grupos homogéneos, con los chicos de la catequesis, con los de los diferentes cursos de los colegios, con un grupo de familias o de jubilados. Todo, menos la inercia y la falsa resignación.
Quiero animaros a todos a hacer este esfuerzo de renovación. Un cristiano que no vive habitualmente la Eucaristía es un cristiano desnutrido, raquítico, condenado a la esterilidad espiritual y a la deserción eclesial y religiosa. Una comunidad cristiana donde muchos de sus miembros prescinden habitualmente de la Eucaristía, es una comunidad empobrecida, sin aliento espiritual y predispuesta para ser colonizada por las ideas y las costumbres de la indiferencia religiosa y del desconcierto moral.
En cambio la Misa, bien celebrada, es un gozo inmenso. Hay muchos cristianos que no saben lo que se pierden.

Manuel Sánchez Monge
Obispo Mondoñedo-Ferrol

http://www.mondonedoferrol.org/obispo/documentos.htm

domingo, 24 de mayo de 2009

Novena al Espíritu Santo



ACTO DE CONSAGRACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
De rodillas frente a la gran multitud de testigos celestiales me ofrezco, en alma y cuerpo, a Ti, Eterno Espíritu de Dios. Adoro la brillantez de tu Pureza, la inequívoca precisión de tu Justicia, y el poder de tu Amor. Tú eres la Fuerza y la Luz de mi alma. En Ti yo vivo, me muevo y soy. Deseo no contristarte nunca por la infidelidad a la gracia, y ruego con todo mi corazón apartarme del mínimo pecado contra Ti. Misericordiosamente cuida de mi íntimo pensamiento y concédeme que pueda siempre observar tu Luz, escuchar tu Voz, y seguir las inspiraciones de tu gracia. Yo me aferro a Ti y me entrego a Ti y te pido, por tu Compasión, que me cuides en mi debilidad. Sosteniendo los pies traspasados de Jesús y viendo sus Cinco Llagas, y confiando en su Preciosa Sangre y adorando su Costado y su Corazón Abierto, te imploro, Adorable Espíritu, Ayuda de mi enfermedad, mantenme en tu gracia, que nunca peque contra Ti. ¡Dame la gracia, Oh Espíritu Santo, Espíritu del Padre y del Hijo, de decirte siempre que sí en todo tiempo y lugar. "¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!". Amén.


ORACIÓN POR LOS SIETE DONES DEL ESPÍRITU SANTO
Oh, Señor Jesucristo, que antes de ascender al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para completar tu obra en las almas de tus Apóstoles y discípulos, dígnate concederme el mismo Espíritu Santo para que Él perfeccione en mi alma la obra de tu gracia y de tu amor. Concédeme el Espíritu de Sabiduría para que pueda despreciar las cosas perecederas de este mundo y aspirar sólo a las cosas que son eternas, el Espíritu de Entendimiento para iluminar mi mente con la luz de tu divina verdad, el Espíritu de Consejo para que pueda siempre elegir el camino más seguro para agradar a Dios y ganar el Cielo, el Espíritu de Fortaleza para que pueda llevar mi cruz contigo y sobrellevar con coraje todos los obstáculos que se opongan a mi salvación, el Espíritu de Conocimiento para que pueda conocer a Dios y conocerme a mí mismo y crecer en la perfección de la ciencia de los santos, el Espíritu de Piedad para que pueda encontrar el servicio a Dios dulce y amable, y el Espíritu de Temor de Dios para que pueda estar lleno de reverencia amorosa hacia Dios y tema disgustarlo de cualquier modo. Márcame, amado Señor, con la señal de tus verdaderos discípulos y anímame en todas las cosas con tu Espíritu. Amén.

http://www.mensajerosdelareinadelapaz.org/novenaES.htm (Traducción de la versión en inglés presentada por EWTN.com)


viernes, 17 de abril de 2009

Cristo vive, el Amor es más fuerte que la muerte...


"Cristo vive, el amor es más fuerte que la muerte", dice el Papa Benedicto XVI.

-"Jesús no es un personaje del pasado sino que llama continuamente al hombre a seguirlo y a encontrar en Él el camino de la vida."

-"Él vive, y como viviente camina delante de nosotros; nos llama a seguirlo, al viviente, y a encontrar así también nosotros el camino de la vida."

-"En la Pascua nos alegramos porque Cristo no se ha quedado en el sepulcro, su cuerpo no ha visto la corrupción; pertenece al mundo de los vivientes, no a aquél de los muertos; nos alegramos porque Él es el Alfa y al mismo tiempo la Omega, existe por lo tanto no solo ayer, sino hoy y por toda la eternidad."

-"la resurrección de Cristo es la más grande mutación, el salto absolutamente más decisivo hacia una dimensión totalmente nueva, que en la larga historia de la vida y de sus desarrollos jamás se ha visto: un salto en un orden completamente nuevo, que tiene que ver con nosotros y concierne a toda la historia."

-"Él pudo dejarse matar por amor, pero justamente así destruyó el carácter definitivo de la muerte,porque en Él estaba presente el carácter definitivo de la vida."-"Su muerte fue un acto de amor."

-"La resurrección fue como un estallido de luz, una explosión del amor..."

sábado, 14 de febrero de 2009

Hoy le canto al Amor de los Amores...

Cantemos al Amor de los amores,
cantemos al Señor.
¡Dios está aquí!
Venid, adoradores;
adoremos a Cristo Redentor.

¡Gloria a Cristo Jesús!
Cielos y tierra, bendecid al Señor.
¡Honor y gloria a ti, Rey de la gloria;
amor por siempre a ti, Dios del amor!

¡Oh Luz de nuestras almas!
¡Oh Rey de las victorias!
¡Oh Vida de la vida
y Amor de todo amor!
¡A ti, Señor cantamos,
oh Dios de nuestras glorias;
tu nombre bendecimos,
oh Cristo Redentor!

¿Quién como tú, Dios nuestro?
Tú reinas y tu imperas;
aquí te siente el alma;
la falta te adora aquí.

¡Señor de los ejércitos, bendice tus banderas!
¡Amor de los que triunfan,condúcelos a ti!
Amén.

jueves, 29 de enero de 2009

¿Dónde están los profetas?


Desde luego que no es un oficio sencillo, pero no por eso han abandonado los profetas sus responsabilidades, no. Existe el profeta, el creyente que ha sido tocado por Dios, el que ha escuchado la voz imperiosa y determinante del Señor que le ha invitado a hablar. En la tradición bíblica, se dice de la persona que ha sido ungida, a quien Dios ha revestido de su autoridad para que comunique su voluntad a los hombres y los instruya; el que ha recibido la fuerza del Espíritu Santo, el coraje, la valentía de decir a todos, incluso en situaciones adversas, la Voluntad de Dios.
En la primera lectura de hoy veréis cómo el origen de la vocación profética está en Dios: El hace surgir un profeta como Moisés, de entre el pueblo, y expresamente dice que a quien no le escuche lo que diga, en el nombre del Señor, le pedirá cuentas. El profetismo no muere, su misión es siempre joven y nueva, porque nace del corazón misericordioso de Dios.
El texto del Evangelio es un ejemplo magnífico de la tarea profética.

Si os fijáis existen dos centros de interés: la figura de Jesús y los demás, pero el evangelista Marcos destaca que Jesús es la clave. Los demás, ante la predicación del Señor se admiran y ante los signos que hace se quedan estupefactos y en ambos casos se preguntan de dónde le viene esa autoridad a Jesús. Enseña mejor que los letrados, se le entiende mucho más que a ellos y, para colmo, hasta los espíritus inmundos les manda y le obedecen… No cabe duda que la persona del Señor ha despertado el interés de todos, bien por medio de la palabra, bien por los signos o por ambas cosas, el caso es que a partir de ahora le prestaran más atención.

¡Qué importante es la Palabra y qué admirables los frutos que da!

En este momento cabe preguntarse sobre la eficacia e intensidad de la tarea profética en esta
sociedad tan frágil, desesperanzada y desnortada. Todavía se oyen voces de algunos que añoran las grandes figuras de la historia de la Salvación y les gustaría verlas aquí y ahora, predicando por nuestras calles y plazas…

¿Dónde están los profetas?, se preguntan…

El tema es que si Dios sigue llamando sigue habiendo necesidad de profetas, pero si cada uno de los cristianos católicos, por la gracia del Bautismo, ha recibido también la condición de profeta, entonces, ¡tú también tienes responsabilidad profética!

Te diré lo que has de hacer con unas palabras del querido Papa, Juan Pablo II:
“¡Anunciad la Palabra con toda claridad, indiferentes al aplauso o al rechazo!
En definitiva no somos nosotros quienes promovemos el éxito o el fracaso del Evangelio, sino el Espíritu de Dios. Los creyentes y los no creyentes tienen derecho a escuchar inequívocamente el auténtico anuncio de la Iglesia.
Anunciad la Palabra con todo el amor del Buen Pastor, que se da, que se busca, que
comprende”

(Juan Pablo II, a los Obispos alemanes en 1980).

Comprenderás que no pueda decirte dónde debes comenzar tu tarea profética,
búscala tú mismo donde se haya oscurecido la fe,
donde se olviden de Dios…
y enciende allá la luz de la esperanza y vuelvan su rostro al Señor,
¿quizás es en tu propia casa?
¡Habla sin miedo, eres un profeta!
Dios te bendiga,

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín

Escrito por Ecclesia Digital
jueves, 29 de enero de 2009

http://www.revistaecclesia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=8219&Itemid=1
http://www.revistaecclesia.com

martes, 6 de enero de 2009

Ven, Señor Jesús...

¡Ven, Señor!
Ven a tu modo, del modo que tú sabes.
Ven donde hay injusticia y violencia.
Ven a los campos de refugiados,
en Darfur y en Kivu del norte,
en tantos lugares del mundo.
Ven donde domina la droga.
Ven también entre los ricos que te han olvidado,
que viven sólo para sí mismos.
Ven donde eres desconocido.
Ven a tu modo y renueva el mundo de hoy.
Ven también a nuestro corazón,
ven y renueva nuestra vida.
Ven a nuestro corazón para que nosotros mismos
podamos ser luz de Dios, presencia tuya.
En este sentido oramos con san Pablo:
¡Maranà, thà!
"¡Ven, Señor Jesús!",
y oramos para que Cristo esté realmente presente hoy
en nuestro mundo y lo renueve.
Benedicto XVI
Audiencia General
Miércoles 12 de noviembre de 2008

jueves, 25 de diciembre de 2008

Feliz Navidad

Evangelio según San Juan 1,1-18.
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo".
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

http://www.evangeliodeldia.org/www/main.php?language=SP&localTime=12/25/2008

viernes, 12 de diciembre de 2008

"¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?"

¡Oh Virgen Inmaculada,
Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia
y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.
Madre de misericordia,
Maestra del sacrificio escondido y silencioso,
a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores,
te consagramos en este día todo nuestro ser
y todo nuestro amor.
Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos,
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos
lo ponemos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.
Queremos ser totalmente tuyos
y recorrer contigo el camino de una plena felicidad
a Jesucristo en su Iglesia:
no nos sueltes de tu mano amorosa.
Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas,
te pedimos por todos los Obispos,
para que conduzcan a los fieles
por senderos de intensa vida cristiana,
de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.
Contempla esta inmensa mies,
e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad
en todo el Pueblo de Dios,
y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes
y religiosos, fuertes en la fe,
y celosos dispensadores de los misterios de Dios.
Concede a nuestros hogares la gracia de amar
y de respetar la vida que comienza,
con el mismo amor con el que concebiste
en tu seno la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso,
protege a nuestras familias,
para que estén siempre muy unidas,
y bendice la educación de nuestros hijos.
Esperanza nuestra, míranos con compasión,
enseñanos a ir continuamente a Jesús
y, si caemos, ayúdanos a levantarnos,
a volver a El, mediante la confesión de nuestras culpas
y pecados en el Sacramento de la Penitencia,
que trae sosiego al alma.
Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande
a todos los santos Sacramentos,
que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.
Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia,
con nuestros corazones libres de mal y de odios
podremos llevar a todos la verdadera alegría
y la verdadera paz, que vienen de tu Hijo,
nuestro Señor Jesucristo,
que con Dios Padre y con el Espíritu Santo
vive y reina por los siglos de los siglos, Amén.

(Juan Pablo II)
México, enero de 1979.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Ave María Purísima


¡Muéstrate Madre de todos, oh María,
y danos a Cristo, la esperanza del mundo!
¡’Monstra Te esse Matrem’,
oh Virgen Inmaculada,
llena de gracia!
¡Amén!”.
(Benedicto XVI)

viernes, 5 de diciembre de 2008

Oracion para pedir la serenidad


Señor, acompáñame en mi limitación.
Enséñame a tener serenidad,
no me dejes caer en el aturdimiento,
en la pereza o el asco.
No dejes que pierda las ansias
de superarme y mejorar, de vivir.
Dame fortaleza y paz para aceptar
lo que no puedo cambiar.
Dame coraje para hacer
todo lo que puede ayudarme
mejorar mi salud y estado de ánimo.
Dame inteligencia para descubrir,
en cada circunstancia,
lo menos gravoso para mí
y para los que me cuidan.
Sentir, Señor, el gozo de tratar
a los de casa, con amor,
y a los que me visitan, con agrado.
Recibir los momentos difíciles
con paciencia serena,
sin dejarme abatir, ni destruir...
Que no dude un instante
que despues de la noche de la Cruz
viene la amanecida de la Pascua.
Amén.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Evangelio según San Lucas 21,12-19


Miércoles de la XXXIV semana del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Lucas 21,12-19.

"Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán,
los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados;
los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,
y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,
porque yo mismo les daré una elocuencia
y una sabiduría que ninguno de sus adversarios
podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos,
por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas".

lunes, 17 de noviembre de 2008

del testimonio de Ingrid Betancourt...

"En un secuestro uno deja muchas plumas,
como la soberbia, la terquedad...
Llegué (a la selva) con una cantidad de necedades...,
pero termina uno zafándose de eso, liberándose.

La mano de la Virgen en este proceso es clara para mí.
Simplemente, uno tiene dos opciones:

odiar, o entregarse a Dios
y buscar en una espiritualidad mayor la paz del corazón.

No los odio...
Que Dios bendiga a mis captores.
Espero que esta experiencia les permita cambiar su corazón.
Es la hora de que rectifiquen...
Todos podemos ser ángeles o demonios para los demás.
Cada uno de nosotros en su interior
puede ser extraordinariamente bueno y extraordinariamente malo.
Y todos podemos caer en ese horror de ser lobos para otros.

Lo que es cierto es que tengo una fe inmensa.
Pienso que mi liberación es un milagro. Lo pienso realmente.
Antes tenía fe, pero era una fe ritual.
Creía, sí, pero sin mucha preocupación.
En la jungla, no podía despreocuparme.
La fe ha sido mi fuerza, una presencia absoluta.
La veo y puedo tocarla... Todo se lo debo a Dios... Pertenezco a Jesús.
Soy de su Sagrado Corazón y no he desfallecido ni un momento en la oración...

Ahora no puedo olvidar que dejo tras de mí a muchos seres humanos,
víctimas de las FARC...
(A los secuestrados:) Estoy con vosotros.
Sé que muy pronto podremos abrazarnos.
Os amo, a cada uno de ustedes lo llevo escrito en mi corazón".

jueves, 30 de octubre de 2008

Epístola I de San Juan


Epístola I de San Juan 3,22-24.4,1-6.

"y él nos concederá todo cuanto le pidamos,
porque cumplimos sus mandamientos
y hacemos lo que le agrada.
Su mandamiento es este:
que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo,
y nos amemos los unos a los otros como él nos ordenó.
El que cumple sus mandamientos permanece en Dios,
y Dios permanece en él;
y sabemos que él permanece en nosotros,
por el Espíritu que nos ha dado.
Queridos míos,
no crean a cualquiera que se considere inspirado:
pongan a prueba su inspiración,
para ver si procede de Dios,
porque han aparecido en el mundo muchos falsos profetas.
En esto reconocerán al que está inspirado por Dios:
todo el que confiesa a Jesucristo manifestado en la carne, procede de Dios.
Y todo el que niega a Jesús, no procede de Dios,
sino que está inspirado por el Anticristo,
por el que ustedes oyeron decir que vendría y ya está en el mundo.
Hijos míos, ustedes son de Dios
y han vencido a esos falsos profetas,
porque aquel que está en ustedes es más grande que el que está en el mundo.
Ellos son del mundo,
por eso hablan el lenguaje del mundo
y el mundo los escucha.
Nosotros, en cambio, somos de Dios.
El que conoce a Dios nos escucha,
pero el que no es de Dios no nos escucha.
Y en esto distinguiremos la verdadera de la falsa inspiración".
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lunes, 6 de octubre de 2008

Oracion por el Sinodo de los Obispos


"La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia"
Oración:
Señor Jesucristo, a quien el Padre nos ha encomendado escuchar como a su Hijo amado:
ilumina tu Iglesia, para que nada sea para ella más santo que escuchar tu voz y seguirte.
Tú, que eres Sumo Pastor y Señor de nuestras almas,
dirige tu mirada a los Pastores de tu Iglesia,
que en estos días se reúnen con el Sucesor de Pedro en asamblea sinodal.
Te imploramos que los santifiques en la verdad y los confirmes en la fe y el amor.
Señor Jesucristo, envía tu Espíritu de amor y de verdad sobre los Obispos
que celebran el Sínodo y sobre quienes les asisten en sus tareas:
haz que sean fieles a lo que el Espíritu dice a las Iglesias y,
de este modo, inspire sus almas y les enseñe la verdad.
A través de su trabajo, que los fieles puedan ser purificados y reforzados en el espíritu
para adherir al Evangelio de la salvación que tu has cumplido
y se convirtiertan en oblación viviente al Dios del cielo.
Y María, la santísima Madre de Dios y Madre de la Iglesia
asista hoy a los Obispos como un día asistió a los Apóstoles en el Cenáculo
e interceda con su materno apoyo,
para que honren la comunión fraterna,
tengan prosperidad y paz en días serenos y,
escrutando con amor los signos de los tiempos,
celebren la majestad de Dios,
Señor misericordioso de la historia,
para alabanza y gloria de la Santísima Trinidad,
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Amén.

lunes, 22 de septiembre de 2008

No se avergüencen de creer...


«No se avergüencen de creer»
Ingrid Betancourt, galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2008, se consagró al Sagrado Corazón de Jesús durante su
cautiverio, tras descubrir a su lado una Presencia que cambió profundamente su vida.

Hoy quiere hablar especialmente a quienes «están enojados con Dios y no quieren creer», especialmente a sus captores, que mantienen secuestradas aún a unas tres mil personas: «El mundo les está esperando»
Alfa y Omega pudo recoger estas confidencias de la ex candidata a la Presidencia de Colombia, secuestrada durante casi siete años por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a su paso por Roma, con motivo de la audiencia que le concedió Benedicto XVI, el 1 de septiembre.
Esta mujer menuda, debilitada por condiciones inhumanas de prisión, tiene, sin embargo, una fuerza interior sorprendente, que le lleva a dirigirse a sus ex carceleros, que todavía retienen a unos tres mil secuestrados en su poder, con estas palabras: «Les conozco profundamente, conozco su organización, su manera de pensar. Hoy quiero decirles que el mundo les está esperando.... La respuesta está en el corazón de ustedes, no en cálculos militares y políticos». Desde que fue liberada por el Ejército de Colombia, junto a otros secuestrados, Betancourt ha sorprendido a las cámaras de televisión del mundo entero por su lenguaje profundamente espiritual, que antes le era prácticamente desconocido.

¿Qué pasó en la selva? ¿Cómo se ha operado esta transformación interior?
Durante su cautiverio, Betancourt sólo tenía dos libros, la Biblia y el diccionario, además de una radio, que la mantenía en contacto con el mundo.
Un día, escuchando la Radio Católica Mundial, su vida cambiaría, al descubrir las promesas que hizo el Sagrado Corazón de Jesús a quien decida consagrarle su vida. Entre éstas, quedó impresionada por la primera (tocar el corazón duro de quienes le hagan sufrir), y por la ayuda en el tránsito de la muerte. «Eso es para mí -se dijo a sí misma-. Yo necesito que Dios toque el corazón duro de la guerrilla. Yo necesito que la empresa mía, que es la de obtener la libertad de todos nosotros, Él la tome para sí, la bendiga y permita que esto suceda. Y yo necesito que Él me acompañe a llevar esta cruz, porque yo sola ya no puedo más».


Dios hace bien las cosas
Benedicto XVI, al recibir a Betancourt, le dijo que Cristo «te hizo el milagro de tu liberación, porque tú supiste pedirle. Porque tú no le pediste tu liberación; tú le pediste que se hiciera su voluntad y que te ayudara a entender su voluntad».El padre Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, tras escuchar las palabras de Betancourt, contó que «su testimonio, lleno de rasgos
explícitamente espirituales y cristianos, quizá corre el riesgo de no ser tomado demasiado en serio por una mentalidad laicista; pero en un cautiverio tan largo las perspectivas sobre lo que es verdaderamente importante en la vida cambian; y no sólo lo testimonia Ingrid, sino también los otros secuestrados».

En sus palabras espontáneas pronunciadas en Roma, Betancourt también hizo un llamamiento precisamente a las personas que no creen, o como ella dice, «que están enojadas con Dios y no quieren creer». Porque, efectivamente, «hay muchas personas a quienes les da vergüenza creer en Dios. Yo lo único que les puedo decir es que hay alguien que nos oye y nos habla con palabras y que, si nosotros entendemos cómo hablarle a Él, Él nos va a ayudar».
En toda su experiencia -reconoce-, hay un secreto: el haber descubierto la ternura de Dios meditando en los evangelios, a través de la Virgen María. «Comprendí la dimensión de esta mujer, su carácter, su valentía, su inteligencia para hablar a su Hijo. Comprendí toda esta dimensión y entendí que podía hablar con Ella, porqué sabía que me entendería. Entonces empecé a tener una relación más íntima con María, porque no me atrevía a hablar con Jesús. Sentía que estaba demasiado... demasiado lejos, demasiado alto, perfecto, demasiado Dios».
Hoy dice a quien quiera escucharlo: «Dios hace bien las cosas, Dios hace las cosas bien».

Jesús Colina.
Roma
http://www.alfayomega.es/revista/2008/607/15_contraportada.html

Oracion para las almas del purgatorio

Padre eterno,
yo te ofrezco la preciosísima sangre de tu Divino Hijo Jesús,
en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo
por todas las benditas animas del purgatorio,
por todos los pecadores del mundo.
Por los pecadores en la iglesia universal,
por aquellos en propia casa y dentro de mi familia.
Amen.

El Señor le dijo a Sta. Gertrudis que cada vez que rezara esta oración, podría librar 1000 almas del purgatorio.


(
http://www.corazones.org/santos/gertrudis_grande.htm)
(tambien en el libro "Entre el cielo y la tierra" de María Vallejo-Nágera, Ed. Planeta)

domingo, 14 de septiembre de 2008

La Santa Cruz


Victoria, tú reinarás.
¡Oh Cruz, tú nos salvarás!

El Verbo en ti clavado, muriendo, nos rescató;
de ti, madero santo, nos viene la redención.

Extiende por el mundo tu reino de salvación.
¡Oh Cruz fecunda, fuente de vida y bendición!

Impere sobre el odio tu reino de caridad;
alcancen las naciones el gozo de la unidad.

Aumenta en nuestras almas tu reino de santidad;
el río de la gracia apague la iniquidad.

La gloria por los siglos a Cristo libertador,
su cruz nos lleva al cielo, la tierra de promisión.

sábado, 30 de agosto de 2008

El mensaje del Papa en Sydney

JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD SIDNEY - 2008
EL MENSAJE DEL PAPA A LOS JÓVENES EN 20 PUNTOS:
1. «Tenemos que permitir que el amor de Dios penetre en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestra aridez espiritual, de nuestro conformismo ciego con el espíritu de nuestro tiempo».
2. «Jóvenes: ¿qué dejaréis a la próxima generación? ¿Estáis construyendo vuestras vidas sobre bases sólidas? ¿Estáis viviendo vuestras vidas dejando espacio al Espíritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, o incluso rechazarlo en nombre de un falso concepto de libertad?».
3. «¡No tengáis miedo de decir que “sí” a Jesús, de hallar vuestra alegría en hacer su voluntad, donándoos completamente para llegar a la santidad y usando vuestros talentos al servicio de los demás!».
4. «Una nueva generación de cristianos está llamada a contribuir en la construcción de un mundo en el que la vida sea acogida, respetada y cuidada con atención, no rechazada o temida como una amenaza y por tanto, destruida. Una nueva época en la que el amor no sea ávido o egoísta, sino puro, fiel y sinceramente libre, abierto a los demás, un amor que promueva su bien e irradie alegría y belleza».
5. «El mundo necesita una renovación. En muchas sociedades, junto a la prosperidad material, se está extendiendo el desierto espiritual: un vacío interior, un miedo indefinible, un sentido escondido de desesperación. ¿Cuántos de nuestros coetáneos han construido cisternas rotas y vacías en una búsqueda desesperada de sentido, del sentido último que sólo puede dar el amor? ¡También la Iglesia necesita esta renovación! Tiene necesidad de vuestra fe, de vuestro idealismo y de vuestra generosidad para poder ser siempre joven en el Espíritu».
6. «El Señor os está pidiendo que seáis profetas de esta nueva época, mensajeros de su amor, capaces de atraer a la gente al Padre y de construir un futuro de esperanza para toda la humanidad».
7. «Hay más alegría en dar que en recibir. No dudéis jamás de la verdad de las promesas de nuestro Señor».
8. «Las religiones (…) enseñan a la gente que el auténtico servicio exige sacrificio y autodisciplina, que a su vez se deben cultivar por medio de la abnegación, la templanza y el uso moderado de los bienes naturales».
9. «La verdadera fuente de la libertad se encuentra en Jesús de Nazaret. Los cristianos creen que Él nos revela plenamente las potencialidades humanas para la virtud y el bien».
10. «Pensaréis que en el mundo de hoy es improbable que la gente adore otros dioses. Pero a veces lo hacen sin darse cuenta. Los falsos “dioses” están casi siempre ligados a la adoración de tres realidades: los bienes materiales, el amor posesivo y el poder».
11. «¡Cuántas voces en nuestra sociedad materialista nos dicen que la felicidad consiste en acaparar el mayor número posible de bienes y objetos de lujo! Pero así los bienes se transforman en deidades falsas. En vez de dar la vida, son portadores de muerte».
12. «El amor auténtico es ciertamente bueno. Cuando amamos somos plenamente humanos. Pero a menudo se cree amar cuando, en realidad, se tiende a poseer o a manipular a la otra persona».
13. «En todos los Evangelios, Jesús ama especialmente a los que se han equivocado porque, cuando se daban cuenta de su error, se abrían más que los otros a su mensaje de salvación. Los que deseaban reconstruir su vida eran los más dispuestos a escuchar a Jesús y a ser sus discípulos».
14. «Caminad cada día a la luz de Cristo mediante la fidelidad a la oración personal y litúrgica, alimentados por la meditación de la palabra inspirada por Dios. Que la celebración cotidiana de la Eucaristía sea el centro de vuestra vida».
15. «La castidad por el Reino significa abrazar una vida completamente dedicada al amor, a un amor que os hace capaces de dedicaros sin reservas al servicio de Dios para estar plenamente presentes entre los hermanos».
16. «Por su misma naturaleza, el relativismo no consigue ver el cuadro entero. Ignora los principios que nos hacen capaces de vivir y crecer en la unidad, en el orden y la armonía».
17. «Hay algo siniestro que brota del hecho de que la libertad y la tolerancia se separan muy a menudo de la verdad. Todo ello se alimenta de la idea, ampliamente difundida en nuestra época, de que no hay una verdad absoluta que guíe nuestra vida. El relativismo, dando valor a todo sin discriminación, ha hecho que “las experiencias” sean lo más importante».
18. «Si acogéis la fuerza del Espíritu Santo, también vosotros podréis transformar vuestras familias, las comunidades y las naciones. Liberad estos dones. Que la sabiduría, la inteligencia, la fortaleza, la ciencia y la piedad sean los signos de vuestra grandeza».
19. «¡Que, mediante la acción del Espíritu Santo, los jóvenes tengan la valentía de llegar a ser santos! Esto es lo que necesita el mundo, por encima de cualquier otra cosa».
20. «¡La vida no está gobernada por la suerte, no es casual! Vuestra existencia personal ha sido querida y bendecida por Dios y tiene una finalidad. La vida no es una simple sucesión de hechos y experiencias. Es una búsqueda de la verdad, del bien, de la belleza. Con ese fin tomamos nuestras decisiones y encontramos la felicidad y la alegría».

jueves, 31 de julio de 2008

Frases de Benedicto XVI

"Sin la dimensión de la oración, el yo humano termina por encerrarse en sí mismo, y la conciencia, que tendría que ser eco de la voz de Dios, corre el riesgo de reducirse al espejo del yo"

"En realidad todos tienen sed de Dios, en lo más profundo existe esta sed; por eso, comencemos primero nosotros, junto con los jóvenes que podamos encontrar; formemos comunidades en las que se refleje la Iglesia, aprendamos la amistad con Jesús, y así, llenos de esta alegría y de esta experiencia, también hoy podremos hacer presente a Dios en este mundo."

"Queridos jóvenes de lengua española, en Cristo se cumplen todas las promesas de salvación verdadera para la humanidad. Él tiene para cada uno de vosotros un proyecto de amor en el que se encuentra el sentido y la plenitud de la vida, y espera de todos vosotros que hagáis
fructificar los dones que os ha dado, siendo sus testigos de palabra y con el propio ejemplo. No lo defraudéis."


(Benedicto XVI )

miércoles, 16 de julio de 2008

la verdad es una persona: Jesucristo


"Hay comportamientos y modos de pensar que asfixian la esperanza, sendas que parecen conducir a la felicidad y a la satisfacción, pero que sólo acaban en confusión y angustia".

"Con frecuencia, se reivindica la libertad sin hacer jamás referencia a la verdad..."

"Hay quien afirma hoy que el respeto a la libertad del individuo hace que sea erróneo buscar la verdad, incluida la verdad sobre lo que es el bien".

"En algunos ambientes, hablar de la verdad se considera como una fuente de discusiones o de divisiones y, por tanto, es mejor relegar este tema al ámbito privado".

"En lugar de la verdad –o mejor, de su ausencia– se ha difundido la idea de que, dando un valor indiscriminado a todo, se asegura la libertad y se libera la conciencia".

"¿A cuántos jóvenes se les ha tendido una mano que, en nombre de la libertad o de una experiencia, los ha llevado al consumo habitual de estupefacientes, a la confusión moral o intelectual, a la violencia, a la pérdida del respeto por sí mismos, a la desesperación...?"

"...la verdad no es una imposición, no es un mero conjunto de reglas, es el descubrimiento de Alguien que jamás nos traiciona; de Alguien del que siempre podemos fiarnos... la verdad es una persona: Jesucristo".

domingo, 6 de julio de 2008

Dios existe...


Tambien un mes de Julio de 1935, cerca del Panteón de Paris, en el barrio latino, en la Rue d'Ulm, André Frossard describe lo que le sucede al buscar a un amigo que acaba de entrar en la capilla del convento de las hermanas de la adoración reparadora...
“Mi mirada pasa de la sombra a la luz, vuelve a la concurrencia sin traer ningún pensamiento, va de los fieles a las religiosas inmóviles, de las religiosas al altar: luego, ignoro por qué, se fija en el segundo cirio que arde a la izquierda de la cruz.
No el primero, ni el tercero, el segundo.
Entonces se desencadena, bruscamente, la serie de prodigios cuya inexorable violencia va a desmantelar en un instante el ser absurdo que soy y va a traer al mundo, deslumbrado, el niño que jamás he sido.
Antes que nada, me son sugeridas estas palabras: vida espiritual.
No me son dichas, no las formo yo mismo, las escucho como si fuesen pronunciadas cerca de mí, en voz baja, por una persona que vería lo que yo no veo aún.
La última sílaba de este preludio murmurado, alcanza apenas en mí la orilla de lo consciente que comienza una avalancha al revés.
No digo que el cielo se abre; no se abre, se eleva, se alza de pronto, fulguración silenciosa, de esta insospechada capilla en la que se encontraba milagrosamente incluido. ¿Cómo describir con estas palabras huidizas, que me niegan sus servicios y amenazan con interceptar mis pensamientos para depositarlos en el almacén de las quimeras?
El pintor a quien fuera dado entrever colores desconocidos, ¿con qué los pintaría? Es un cristal indestructible, de una transparencia infinita, de una luminosidad casi insostenible (un grado más me aniquilaría) y más bien azul; un mundo, un mundo distinto de un resplandor y de una densidad que despiden al nuestro a las sombras frágiles de los sueños incompletos.Él es la realidad, él es la verdad, la veo desde la ribera oscura donde aún estoy retenido. Hay un orden en el universo, y en su vértice, más allá de este velo de bruma resplandeciente, la evidencia de Dios; la evidencia hecha presencia y la evidencia hecha persona de Aquel mismo a quien yo habría negado un momento antes, a quien los cristianos llaman Padre nuestro, y del que me doy cuenta de que es dulce; con una dulzura semejante a ninguna otra, que no es la cualidad pasiva que se designa a veces con ese nombre, sino una dulzura activa que quiebra, que excede a toda violencia, capaz de hacer que estalle la piedra más dura y, más duro que la piedra, el corazón humano.
Su irrupción desplegada, plenaria, se acompaña de una alegría que no es sino la exultación del salvado, la alegría del náugrafo recogido a tiempo; con la diferencia, sin embargo, de que es en el momento en que soy izado hacia la salvación cuando tomo conciencia del lodo en que, sin saberlo, estaba hundido, y me pregunto, al verme aún con medio cuerpo atrapado por él, cómo he podido vivir allí, respirar allí..."
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"André Frossard, porque Dios quiso y no por otra razón, fue el afortunado en recibir el regalo de la conversión.
El no buscaba a Dios.
Se lo encontró: "Sobrenaturalmente, sé la verdad sobre la más disputada de las causas y el más antiguo de los procesos: Dios existe. Yo me lo encontré.
Me lo encontré fortuitamente -diría que por casualidad si el azar cupiese en esta especie de aventura-, con el asombro del paseante que, al doblar una calle de París, viese, en vez de la plaza o de la encrucijada habituales, una mar que batiese los pies de los edificios y se extendiese ante él hasta el infinito. Fue un momento de estupor que dura todavía.
Nunca me he acostumbrado a la existencia de Dios.
Habiendo entrado, a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra.
Habiendo entrado allí escéptico y ateo de extrema izquierda, y aún más que escéptico y todavía más que ateo, indiferente y ocupado en cosas muy distintas a un Dios que ni siquiera tenía intención de negar -hasta tal punto me parecía pasado, desde hacía mucho tiempo, a la cuenta de pérdidas y ganancias de la inquietud y de la ignorancia humanas-, volví a salir, algunos minutos más tarde, "católico, apostólico, romano", llevado, alzado, recogido y arrollado por la ola de una alegría inagotable.
Al entrar tenía veinte años. Al salir, era un niño, listo para el bautismo, y que miraba entorno a sí, con los ojos desorbitados, ese cielo habitado, esa ciudad que no se sabía suspendida en los aires, esos seres a pleno sol que parecían caminar en la oscuridad, sin ver el inmenso desgarrón que acababa de hacerse en el toldo del mundo. Mis sentimientos, mis paisajes interiores, las construcciones intelectuales en las que me había repantingado, ya no existían; mis propias costumbres habían desaparecido y mis gustos estaban cambiados.
No me oculto lo que una conversión de esta clase, por su carácter improvisado, puede tener de chocante, e incluso de inadmisible, para los espíritus contemporáneos que prefieren los encaminamientos intelectuales a los flechazos místicos y que aprecian cada vez menos las intervenciones de lo divino en la vida cotidiana.
Sin embargo, por deseoso que esté de alinearme con el espíritu de mi tiempo, no puedo sugerir los hitos de una elaboración lenta donde ha habido una brusca transformación; no puedo dar las razones psicológicas, inmediatas o lejanas, de esa mutación, porque esas razones no existen; me es imposible describir la senda que me ha conducido a la fe, porque me encontraba en cualquier otro camino y pensaba en cualquier otra cosa cuando caí en una especie de emboscada: no cuento cómo he llegado al catolicismo, sino como no iba a él y me lo encontré. (...)
Ese acontecimiento iba a operar en mí una revolución tan extraordinaria, cambiando en un instante mi manera de ser, de ver, de sentir, transformando tan radicalmente mi carácter y haciéndome hablar un lenguaje tan insólito que mi familia se alarmó. (...)"

viernes, 13 de junio de 2008

Isaias, 53

Isaías 53
1 ¿Quién creyó lo que nosotros hemos oído
y a quién se le reveló el brazo del Señor?

2 Él creció como un retoño en su presencia,
como una raíz que brota de una tierra árida,
sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas,
sin un aspecto que pudiera agradarnos.

3 Despreciado, desechado por los hombres,
abrumado de dolores y habituado al sufrimiento,
como alguien ante quien se aparta el rostro,
tan despreciado, que lo tuvimos por nada.

4 Pero él soportaba nuestros sufrimientos
y cargaba con nuestras dolencias,
y nosotros lo considerábamos golpeado,
herido por Dios y humillado.

5 Él fue traspasado por nuestras rebeldías
y triturado por nuestras iniquidades.
El castigo que nos da la paz recayó sobre él
y por sus heridas fuimos sanados.

6 Todos andábamos errantes como ovejas,
siguiendo cada uno su propio camino,
y el Señor hizo recaer sobre él
las iniquidades de todos nosotros.

7 Al ser maltratado, se humillaba
y ni siquiera abría su boca:
como un cordero llevado al matadero,
como una oveja muda ante el que la esquila,
él no abría su boca.

8 Fue detenido y juzgado injustamente,
y ¿quién se preocupó de su suerte?
Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes
y golpeado por las rebeldías de mi pueblo.

9 Se le dio un sepulcro con los malhechores
y una tumba con los impíos,
aunque no había cometido violencia
ni había engaño en su boca.

10 El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento.
Si ofrece su vida en sacrificio de reparación,
verá su descendencia, prolongará sus días,
y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él.

11 A causa de tantas fatigas, él verá la luz
y, al saberlo, quedará saciado.
Mi Servidor justo justificará a muchos
y cargará sobre sí las faltas de ellos.

12 Por eso le daré una parte entre los grandes,
y él repartirá el botín junto con los poderosos.
Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los culpables,
siendo así que llevaba el pecado de muchos
e intercedía en favor de los culpables.

domingo, 18 de mayo de 2008

Oraciones por la Paz

Oh, Dios, Creador del universo,
que extiendes tu preocupación paternal sobre cada criatura
y que guías los eventos de la historia a la meta de la salvación;
reconocemos tu amor paternal
que a pesar de la resistencia de la humanidad
y, en un mundo dividido por la disputa y la discordia,
Tú nos haces preparar para la reconciliación.
Renueva en nosotros las maravillas de tu misericordia;
envía tu Espíritu sobre nosotros,
para que él pueda obrar
en la intimidad de nuestros corazones;
para que los enemigos puedan empezar a dialogar;
para que los adversarios puedan estrecharse las manos;
y para que las personas puedan encontrar entre sí la armonía.
Para que todos puedan comprometerse
en la búsqueda sincera por la verdadera paz;
para que se eliminen todas las disputas,
para que la caridad supere el odio,
para que el perdón venza el deseo de venganza.
(Juan Pablo II)
(Día Mundial por la Paz, 1 de enero del 2002)



Señor, hazme un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo armonía,
donde hay error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo la luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Oh, Señor, que no me empeñe tanto

en ser consolado como en consolar,
en ser comprendido, como en comprender,
en ser amado, como en amar;
porque dando se recibe,
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
muriendo se resucita a la vida .
Amén.

(San Francisco de Asís)

martes, 13 de mayo de 2008

La más tierna de las Madres


María.
La más tierna de las madres y la más poderosa de las reinas Ella nos consolará, nos confortará, nos acompañará en el camino de la vida.
El sacerdote y escritor español José Luis Martín Descalzo narra en una de sus obras:
«Recuerdo que hace ya muchos años, me encontraba desayunando en la cafetería de un hotel de Roma.
Se me acercó una chica japonesa, y me preguntó si yo era sacerdote.
Le respondí que sí, y entonces me dijo a bocajarro:
–“¿Podría usted explicarme quién es la Virgen María?”.
Sus palabras me sorprendieron tanto que sólo supe responder: –“¿Por qué me hace esa pregunta?”.
Y aún recuerdo sus ojos tan conmovidos cuando me explicó:
–“Es que ayer oí rezar por primera vez el Avemaría, y no sé por qué me he pasado toda la noche llorando”.
Y entonces tuve que explicarle que también yo necesitaría pasarme muchas noches llorando para poder responder a esa pregunta....».

Y para ti, querido amigo, ¿quién es la Virgen María?...
La solemnidad del día de hoy nos da una respuesta, que corresponde a uno de los muchos títulos de María Santísima:
1) María es la Madre de Dios.
¡Tantas veces lo hemos escuchado y lo rezamos cada día que tal vez ya nos hemos acostumbrado!
Debido a nuestra educación y al ambiente en el que vivimos, tal vez ya no nos impresiona ni nos dice nada –como sucede, tristemente, con tantas otras verdades y misterios de nuestra fe—.
A fuerza de repetir las cosas, nos hemos arrutinado e insensibilizado.
Pero no era así para los cristianos de los primeros siglos de la Iglesia. Les parecía algo increíble, inaudito y –si me permiten la expresión— algo apoteósico.
¿Cómo era posible que una criatura humana pudiera ser la madre del Dios infinito y omnipotente? Eso sólo cabía en los mitos paganos y en los círculos heréticos de la religión politeísta. Y tanto era así que insignes teólogos de entonces se opusieron rotundamente a esta afirmación. Y cuando no aceptaron la doctrina de la Iglesia, se convirtieron en “herejes”: Arrio, Nestorio y otros.
¡María Santísima es realmente la Madre de Dios!
Así lo había revelado Dios mismo en la Sagrada Escritura y lo ratificaban los Santos Padres y los Concilios de la Iglesia.
Fue en Éfeso, el año 431, cuando se proclamó solemnemente a María como la “Theotókos”, la que engendró a Dios. Y después de once siglos exactos, el año 1531, María de Guadalupe se aparecía en México al indio Juan Diego, diciéndole: “Juanito, el más pequeño de mis hijos, sabe y ten entendido que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive”.
María ha engendrado al Hijo de Dios y Dios ha nacido de las entrañas purísimas de María porque Él así lo ha querido.
El Verbo se hizo carne en María y así pudo habitar entre nosotros, para redimirnos y realizar el plan de salvación. Gracias a ella, Dios ha podido hacer nuevas todas las cosas.

Como afirma bellamente san Anselmo: “Dios, a su Hijo, el único engendrado de su seno igual a sí, al que amaba como a sí mismo, lo dio a María; y de María se hizo un hijo, no distinto, sino el mismo, de suerte que por naturaleza fuese el mismo y único Hijo de Dios y de María.

Toda la naturaleza ha sido creada por Dios, y Dios ha nacido de María.
Dios lo creó todo, y María engendró a Dios.
Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo de María;
y así rehizo todo lo que había hecho.
El que pudo hacer todas las cosas de la nada, una vez profanadas, no quiso rehacerlas sin María.
Por eso, Dios es padre de las cosas creadas y María es madre de las cosas recreadas.
Dios es padre de la creación y María es madre de la universal restauración”.

2) Y María, por ser la Madre de Dios, es también todopoderosa como Medianera.
San Bernardo y los Santos Padres solían llamarla “Omnipotentia supplex”, la Omnipotencia suplicante. Porque es la más poderosa de las reinas y la más eficaz de las intercesoras.
En Caná arrancó a su Hijo el primer milagro “cuando aún no había llegado su hora”.
Y puede hacer siempre lo mismo, si acudimos a ella con fe, con confianza y amor filiales, pues una madre no niega nada a un hijo.

Los siglos XV y XVI fueron una gravísima amenaza para la cristiandad.
Los turcos arrasaban Europa con la pretensión de conquistarla para el Islam (hoy también se cierne un peligro no muy diferente).
Y entonces el Papa Pío V armó a la Iglesia con el santo Rosario para la defensa de la civilización cristiana.
El 7 de octubre de 1571 la flota cristiana presentó batalla a los turcos en Lepanto.
La victoria fue clamorosa.
Por eso el sultán Solimán decía: "Le tengo más miedo a las oraciones del Papa que a los ejércitos europeos".
¡A las oraciones a María Santísima!

Fátima, Lourdes, persecución de la Iglesia en el siglo XX y XXI...
Las cosas no han cambiado demasiado.
Y María sigue siendo hoy y siempre el “Auxilio de los cristianos”.

3) María es también mi Madre.
Entonces, con María, ¡estamos seguros, somos poderosos!
San Estanislao de Kotska solía repetir, lleno de ternura y emoción:
“¡La Madre de Dios es también mi madre!”.
Y en esta expresión encerraba toda su relación íntima, personal y afectiva con María Santísima. Un amor mutuo que enlazaba ambos corazones y en él se sentía acogido y protegido.

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige.
No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna.
¿No estoy yo aquí que soy tu madre?
¿No estás bajo mi sobra?
¿No estás por ventura, en mi regazo?”…
Ya sabemos de quién son estas palabras.
¡Todos necesitamos de una madre, necesitamos de María!
Sobre todo en los momentos difíciles de la vida, en la aflicción, en la soledad, en la tribulación.
Ella nos consolará, nos confortará, nos acompañará en el camino de la vida hasta llegar al cielo, a la presencia adorable de su bendito Hijo.

Por eso, en este día en que iniciamos el Año nuevo y en el que celebramos la solemnidad de la Madre de Dios, acudamos a nuestra Madre santísima, postrémonos ante ella, acojámonos en su regazo maternal y, con todo el afecto de nuestro corazón, consagrémosle todo nuestro ser.

¡Ella es la más tierna de las madres y la más poderosa de las reinas!
Con ella todo lo podemos.
Pidámosle con todas las veras de nuestra alma lo que traigamos en lo más íntimo de nuestro corazón y ella nos lo concederá.
Y ojalá que nosotros también podamos decir, como el Papa Juan Pablo II:
“Totus tuus, Maria, ego sum!”,
“Todo tuyo, María, yo soy!”.
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Autor: P. Sergio Córdova LC Fuente: Catholic.net