viernes, 21 de julio de 2006

El derecho a la paz


11. La promoción del derecho a la paz asegura, en cierto modo, el respeto de todos los demás derechos, porque favorece la construcción de una sociedad en cuyo seno las relaciones de fuerza se sustituyen por relaciones de colaboración con vistas al bien común.
La situación actual prueba sobradamente el fracaso del recurso a la violencia como medio para resolver los problemas políticos y sociales. La guerra destruye, no edifica; debilita las bases morales de la sociedad y crea ulteriores divisiones y tensiones persistentes.
No obstante, las noticias continúan hablando de guerras y conflictos armados con un sinfín de víctimas.
¡Cuántas veces mis predecesores y yo mismo hemos implorado el fin de estos horrores!
Continuaré haciéndolo hasta que se comprenda que la guerra es el fracaso de todo auténtico humanismo.
Gracias a Dios, son muchos los pasos que se han dado en algunas regiones hacia la consolidación de la paz. Se debe reconocer el gran mérito de aquellos políticos decididos que tienen el valor de continuar las negociaciones incluso cuando la situación parece hacerlas imposibles.
Pero, a la vez, ¿cómo no denunciar las masacres que continúan en otras regiones, con la deportación de pueblos enteros de sus tierras y la destrucción de casas y cultivos?
Ante las víctimas ya incontables, me dirijo a los responsables de las naciones y a los hombres de buena voluntad para que acudan en auxilio de los que están implicados en atroces conflictos, especialmente en África, tal vez inspirados por intereses económicos externos, y les ayuden a poner fin a los mismos. Un paso concreto en este sentido es seguramente la abolición del tráfico de armas hacia los países en guerra y el apoyo a los responsables de esos pueblos en la búsqueda de la vía del diálogo.
¡Ésta es la vía digna del hombre, ésta es la vía de la paz!
(S.S. Juan Pablo II)