lunes, 17 de noviembre de 2008

del testimonio de Ingrid Betancourt...

"En un secuestro uno deja muchas plumas,
como la soberbia, la terquedad...
Llegué (a la selva) con una cantidad de necedades...,
pero termina uno zafándose de eso, liberándose.

La mano de la Virgen en este proceso es clara para mí.
Simplemente, uno tiene dos opciones:

odiar, o entregarse a Dios
y buscar en una espiritualidad mayor la paz del corazón.

No los odio...
Que Dios bendiga a mis captores.
Espero que esta experiencia les permita cambiar su corazón.
Es la hora de que rectifiquen...
Todos podemos ser ángeles o demonios para los demás.
Cada uno de nosotros en su interior
puede ser extraordinariamente bueno y extraordinariamente malo.
Y todos podemos caer en ese horror de ser lobos para otros.

Lo que es cierto es que tengo una fe inmensa.
Pienso que mi liberación es un milagro. Lo pienso realmente.
Antes tenía fe, pero era una fe ritual.
Creía, sí, pero sin mucha preocupación.
En la jungla, no podía despreocuparme.
La fe ha sido mi fuerza, una presencia absoluta.
La veo y puedo tocarla... Todo se lo debo a Dios... Pertenezco a Jesús.
Soy de su Sagrado Corazón y no he desfallecido ni un momento en la oración...

Ahora no puedo olvidar que dejo tras de mí a muchos seres humanos,
víctimas de las FARC...
(A los secuestrados:) Estoy con vosotros.
Sé que muy pronto podremos abrazarnos.
Os amo, a cada uno de ustedes lo llevo escrito en mi corazón".