
Señor, acompáñame en mi limitación.
Enséñame a tener serenidad,
no me dejes caer en el aturdimiento,
en la pereza o el asco.
No dejes que pierda las ansias
de superarme y mejorar, de vivir.
Dame fortaleza y paz para aceptar
lo que no puedo cambiar.
Dame coraje para hacer
todo lo que puede ayudarme
mejorar mi salud y estado de ánimo.
Dame inteligencia para descubrir,
en cada circunstancia,
lo menos gravoso para mí
y para los que me cuidan.
Sentir, Señor, el gozo de tratar
a los de casa, con amor,
y a los que me visitan, con agrado.
Recibir los momentos difíciles
con paciencia serena,
sin dejarme abatir, ni destruir...
Que no dude un instante
que despues de la noche de la Cruz
viene la amanecida de la Pascua.
Amén.