Miércoles de la Vigésimocuarta semana del Tiempo OrdinarioEvangelio según San Lucas 7,31-35.
"¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación?
¿A quién se parecen?
Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos:
'¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron!
¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'.
Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'.
Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: '¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!'.
Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos".
(Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.)
La ignorancia de los que no se convierten
El apóstol Pablo dice: «Hay entre vosotros quienes desconocen a Dios» (1Co 15,34). Yo digo que están en esta ignorancia todos los que no quieren convertirse a Dios. Porque rechazan la conversión por la única razón que se imaginan es severo y solemne este Dios que no es más que suavidad; imaginan que es duro e implacable aquel que es todo él misericordia; creen que es violento y terrible aquel que sólo desea nuestra adoración. Así el impío se miente a sí mismo fabricándose un ídolo en lugar de conocer a Dios tal como es.
¿Qué es lo que teme esta gente faltada de fe?
¿Qué Dios no va a perdonar sus pecados?
Pero si con sus propias manos los clavó en la cruz.
¿Qué temen pues?
¿Ser ellos mismos débiles y vulnerables?
Pero si él conoce bien el barro del cual somos hechos.
¿De qué, pues, tienen todavía miedo?
¿Estar demasiado acostumbrados al mal para poder deshacer las cadenas de la costumbre?
Pero el Señor liberta a los cautivos (Sl 145,7).
¿Temen que Dios irritado por la inmensidad de sus faltas dude en tenderles una mano que los socorra?
Pero, donde abunda el pecado, la gracia es más abundante (Rm 5,20).
¿O quizás es que la preocupación por sus vestidos, el alimento u otras necesidades para vivir, les priva de dejar sus bienes?
Pero Dios sabe que tenemos necesidad de todo ello (Mt 6,32).
¿Qué más quieren?
¿Qué es lo que obstaculiza su salvación?
Es que desconocen a Dios y no creen a nuestras palabras.
Que se fíen de la experiencia de otros.
San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón 38 sobre el Cantar de los Cantares
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