
Razones para la Esperanza
Llevamos varias décadas escuchando cómo nos venden la burra los charlatanes de feria con discursitos que hablan de un mundo mejor, la felicidad plena y la autorrealización personal. La armonía total, vamos. Y todo ello gracias al progreso y al bienestar material. Una ilusión que traería justicia y paz para todos. La cuadratura del éxito. Lo preocupante es que occidente, con esa gran esperanza por construir una humanidad mejor, ha generado la mayor tasa de suicidios de toda su Historia, de abortos, familias rotas y personas que viven en soledad. Si pudieramos cuantificar la infelicidad del mundo opulento sería proporcional a su riqueza.
Si Benedicto XVI se arranca ahora con una encíclica sobre la esperanza es, justamente, porque debe ver desde su privilegiada atalaya cómo el mundo, sobre todo el Viejo Continente, ha tirado la toalla en la lucha por la felicidad que ansía todo hombre; al descubrir que "esas burras" que nos han bombardeado durante años son falsas. Cómo la desesperanza y el individualismo ganan peso y el "sálvese quien pueda" se impone. Cómo nuestras limitaciones no encuentran solución y el desamor se acomoda en nuestro corazón.
¿quién puede salvarnos?, ¿cómo podremos encontrar la felicidad?
lo dice Don Joseph: "Quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, está sin esperanza".
Sólo Él puede dar sentido a nuestra vida.
Sólo Él puede sanar nuestras heridas.
Sólo Él puede limpiar nuestras miserias.
Creer que podemos ser como dioses y que nos bastan los nuevos progresos para alcanzar la plenitud ha generado la mayor de las pobrezas: perder el gusto por la vida y la esperanza de una felicidad completa.
Son nuevas razones para la esperanza. Vale la pena asumirlas.
Álex Rosal
(La Razón)