
Carta a los jóvenes por el Día del estudiante.
Carta de monseñor Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú, con motivo de festejarse el Día del Estudiante (21 de septiembre de 2007).
Quiero acercarme a vos a cada uno a cada una, para saludarte con ocasión del día del Estudiante, unido al día de la Primavera, y no por casualidad. En este tiempo la luz dura más que la oscuridad. Una luz que no es intensa y fugaz como la del flash, sino tibia presencia del sol que se queda para iluminar y dar calor. Este tiempo de primavera nos regala el perfume de las flores, sus colores diversos, su vitalidad. Por eso la identificamos con la juventud y los estudiantes. En estos días se escuchan más voces y música en las calles y lugares de paseo. Tiempo de fiesta y alegría. Ganas de salir con amigos y estar afuera, al aire libre. Algunos pensadores contemporáneos describen la realidad del mundo de hoy diciendo que es “opaca y oscura”, poco luminosa. Todo lo contrario a la Primavera. Y sí: en la sociedad en que vivimos no todo son luces. Hay sombras de injusticia, de mentira, de muerte.
Siempre valoro mucho tu gran sensibilidad para conmoverte con los problemas de la realidad social y tus deseos de cambiarla. Cómo te duele la hipocresía. No te bancás el doble discurso, las incoherencias. Sé también que te cansás pronto cuando no ves resultados a tus quejas o planteos. El desaliento ahoga lenta pero tenazmente los mejores anhelos del alma. No te dejes robar los sueños que Dios puso en tu corazón.
Y nunca pierdas la esperanza de lograr un país mejor.
La sociedad es muy competitiva y sobreexigente, sobre todo con vos, con los jóvenes. Se valora el éxito rápido, a cualquier precio; y si es sin esfuerzo, pareciera que es mejor. ¿Cuántas veces te dejan afuera por cualquier motivo? Conozco los miedos de los jóvenes. Sé del miedo al fracaso, a la enfermedad; el terror a la muerte. Veo también los temores para el amor comprometido. Las relaciones superficiales y pasajeras, las emociones intensas pero sin amor te dejan esa sensación de vacío en el corazón. Te lastiman.
Sos muy valioso, muy valiosa. No te dejes seducir por el ángel de la soledad y de la desolación. Tu vida tiene sentido. Es maravillosa. Que no se te escurra como agua entre los dedos. Dios te conoce y te ama como nadie en este mundo. Aunque están los que sólo te ven como parte de un rebaño. Se enriquecen mucho a costilla de los jóvenes. Alcohol, droga, esclavitud, trata, cualquier negocio que les deje plata les importa más que tu vida, tu salud, tu felicidad. Vos sabés quiénes son. Les reconocés sus caretas. La juventud es una riqueza. Vale mucho, es un tesoro. Puede dar para mucho o malgastarse en una apuesta necia. Cuando te digan “total, ¿qué vas a perder?”, pensalo. La riqueza de la juventud no es la edad, sino la vitalidad. La capacidad de poner toda esa vitalidad en marcha es lo apasionante de tu edad. Por eso te preocupa el sentido de la vida. Es tener en claro el “para qué”. Un horizonte despejado hacia el cual caminar. Yo tengo una certeza que no me la quiero callar: Jesús ilumina tu vida, el camino de la vida. Él nos ayuda a mirar y reconocer tantos signos de esperanza en el corazón. Él dio la vida por vos. Mirá si no va a querer que seas feliz. Con mucho cariño rezo por vos y pido a Jesús te haga feliz en la primavera de tu vida.
Mons. Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú.
www.aciprensa.com
Quiero acercarme a vos a cada uno a cada una, para saludarte con ocasión del día del Estudiante, unido al día de la Primavera, y no por casualidad. En este tiempo la luz dura más que la oscuridad. Una luz que no es intensa y fugaz como la del flash, sino tibia presencia del sol que se queda para iluminar y dar calor. Este tiempo de primavera nos regala el perfume de las flores, sus colores diversos, su vitalidad. Por eso la identificamos con la juventud y los estudiantes. En estos días se escuchan más voces y música en las calles y lugares de paseo. Tiempo de fiesta y alegría. Ganas de salir con amigos y estar afuera, al aire libre. Algunos pensadores contemporáneos describen la realidad del mundo de hoy diciendo que es “opaca y oscura”, poco luminosa. Todo lo contrario a la Primavera. Y sí: en la sociedad en que vivimos no todo son luces. Hay sombras de injusticia, de mentira, de muerte.
Siempre valoro mucho tu gran sensibilidad para conmoverte con los problemas de la realidad social y tus deseos de cambiarla. Cómo te duele la hipocresía. No te bancás el doble discurso, las incoherencias. Sé también que te cansás pronto cuando no ves resultados a tus quejas o planteos. El desaliento ahoga lenta pero tenazmente los mejores anhelos del alma. No te dejes robar los sueños que Dios puso en tu corazón.
Y nunca pierdas la esperanza de lograr un país mejor.
La sociedad es muy competitiva y sobreexigente, sobre todo con vos, con los jóvenes. Se valora el éxito rápido, a cualquier precio; y si es sin esfuerzo, pareciera que es mejor. ¿Cuántas veces te dejan afuera por cualquier motivo? Conozco los miedos de los jóvenes. Sé del miedo al fracaso, a la enfermedad; el terror a la muerte. Veo también los temores para el amor comprometido. Las relaciones superficiales y pasajeras, las emociones intensas pero sin amor te dejan esa sensación de vacío en el corazón. Te lastiman.
Sos muy valioso, muy valiosa. No te dejes seducir por el ángel de la soledad y de la desolación. Tu vida tiene sentido. Es maravillosa. Que no se te escurra como agua entre los dedos. Dios te conoce y te ama como nadie en este mundo. Aunque están los que sólo te ven como parte de un rebaño. Se enriquecen mucho a costilla de los jóvenes. Alcohol, droga, esclavitud, trata, cualquier negocio que les deje plata les importa más que tu vida, tu salud, tu felicidad. Vos sabés quiénes son. Les reconocés sus caretas. La juventud es una riqueza. Vale mucho, es un tesoro. Puede dar para mucho o malgastarse en una apuesta necia. Cuando te digan “total, ¿qué vas a perder?”, pensalo. La riqueza de la juventud no es la edad, sino la vitalidad. La capacidad de poner toda esa vitalidad en marcha es lo apasionante de tu edad. Por eso te preocupa el sentido de la vida. Es tener en claro el “para qué”. Un horizonte despejado hacia el cual caminar. Yo tengo una certeza que no me la quiero callar: Jesús ilumina tu vida, el camino de la vida. Él nos ayuda a mirar y reconocer tantos signos de esperanza en el corazón. Él dio la vida por vos. Mirá si no va a querer que seas feliz. Con mucho cariño rezo por vos y pido a Jesús te haga feliz en la primavera de tu vida.
Mons. Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú.
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